El concejo de Ponga

  17 de octubre de 2021  

Hoy toca quedada con Javi y Teibol para hacer una circular atravesando el concejo de Ponga desde Sevares. He dormido junto a una nave de unos talleres de coches, justo a la entrada del pueblo, y ahí damos comienzo a esta estupenda ruta. A mediados de octubre ya hace bastante fresco mañanero, así que tampoco es que salgamos demasiado pronto, dado que la etapa no llega a los 100 kilómetros.



La verdad es que hacía mucho tiempo que no subía Mohandi, uno de esos puertos preciosos de la zona, de los que hacen que te enganches al cicloturismo. No recordaba que el piso se encontrara en tan buen estado, como si lo hubieran asfaltado hace poco.


Sus más de diez kilómetros son una delicia, yendo de menos a más en cuanto a la pendiente, que empieza muy suave para acabar al 6-7% en los últimos cinco kilómetros, que tampoco supone un esfuerzo intenso. El recorrido serpenteante, la espléndida vegetación de la zona y el deseo de llegar a la cima para disfrutar de las imponentes vistas que ofrece la convierten en una subida top a pesar de no contar con grandes números.


Llegando a su cima, se empiezan a vislumbrar los numerosos picos de la zona, una de las más plásticas de Asturias (y mira que las hay). El descenso hacia Sellaño no cuenta con tan buen asfalto, pero no importa, el espectáculo ha comenzado.


Remontamos el desfiladero del Ponga siguiendo la AS-261. La idea es hacer la subida a Llómena pero por la vertiente de Sobrefoz, así que seguimos hasta el desvío en el cruce de Beleño. A partir de aquí, la carretera es una pista que se adentra en un paraje increíble


Por esta vertiente, hay dos subidas enlazadas, ya que se corona Sobrefoz y se descienden cuatro kilómetros. En total son 15km con dos kilómetros al 10% de media en el inicio del segundo tramo como la parte más dura de la subida.


Aunque la verdad sea dicha, a quién le importa. El sitio es tan espectacular que vamos parando cada pocos metros para hacer fotos, para comentar detalles del barranco, para apreciar salientes que solo se pueden ver si te asomas dejando la bici a un lado.


Mira que llevamos rutas juntos, pero creo que jamás nos hemos parado tantas veces como en este tramo de subida. Es avanzar cien metros y el paisaje ofrece algo nuevo ante lo que detenerse. Ya puede ser una cueva, un risco, un saliente, un pico, un tramo de carretera, una cascada, ...


Pasamos por Sobrefoz, una pequeña localidad encajonada entre riscos de esas que solo te encuentras en Asturias, y afrontamos el mencionado tramo más duro de esta vertiente antes de pasar a la ladera del otro lado del barranco.


Pasamos por Sobrefoz, una pequeña localidad encajonada entre riscos de esas que solo te encuentras en Asturias, afrontando un tramo más duro antes de pasar a la ladera del otro lado del barranco y llegar a Beleño por el mencionado descenso, disfrutando de un pequeño mirador desde el cual mis anfitriones me indican los picos más reseñables del concejo.


Realmente no llegamos a entrar en Beleño, sino que tiramos para Los Beyos desde la piscina, con los dos kilómetros al 10% antes mencionados como la parte más dura de esta vertiente.


La pendiente va suavizando poco a poco hasta coronar la collada Llómena en una curva que descubre el impresionante paisaje de la vertiente de Viego, la que cae al puerto de El Pontón.


Y es que esta es una de las zonas más espectaculares de Asturias, hagas el puerto que hagas, te metas por la carretera que te metas.


Me han hablado muchas veces de esta carretera antes de su remodelación, algo que tuvo lugar antes de que yo iniciara esta afición cicloturista. Tuvo que ser algo excepcional, porque ya lo es ahora. Me imagino una subida encajonada, estrecha, revirada, repleta de túneles y recovecos en la roca. Tuvo que ser una maravilla.


Descendemos por el desfiladero de Los Beyos hasta Cangas de Onís, parando antes para comer un bocata. El día va avanzando y toca hacer la subida a San Martín de Bada, una subida humilde de 4km al 5% con vistas abiertas de todo el valle.


Los dos primeros kilómetros al 6% dan paso a otros dos kilómetros al 4% que permiten disfrutar del tramo charlando, haciendo la digestión de los bocatas con unas estupendas vistas de praderas.


Coronamos en San Martín de Bada y descendemos hasta la N-634 pero no para seguir a Sevares, sino para iniciar la última subida del día.


Tras pasar el río Piloña, nos esperan 10km al 5% hasta coronar la collada Frenidiello. Parecen números asequibles, pero sus cuatro kilómetros de falso llano hacen que encierre rampas de doble cifra que la convierten en mucho más exigente de lo que parece.


Inicialmente parece una carretera normal hasta llegar a Llames de Parres, pero se convierte en una pista de ladera, de esas típicas de Asturias que van remontando un valle, encerrándose cada vez más y más.


Atravesando la zona de Carúa hay dos kilómetros que no bajan del 10%, alcanzando una máxima del 16% en algún punto que me hacen petar y dejar que mis dos compañeros se adelanten, ya que soy incapaz de seguir su ritmo.


Por suerte, la parte final, aunque encierra alguna rampa de doble cifra, va suavizando y alcanzo a Javi y a Teibol que me estaban esperando tirando fotos, como no podía ser de otra manera. Si es que la vuelta está siendo de una belleza extrema.


A falta de una pequeña rampa, accedemos a un collado que reconozco al instante, y es que esta subida yo ya la tenía hecha por la vertiente de Pandavenes. En mi caso, yo la denominé La Viña, porque así me dijo Javi que se llamaba. En su día, también me costó un huevo.


La bajada la hacemos con cuidado, ya que se atraviesan zonas sombrías con verdín y hay tramos descarnados. Es un paraje solitario, como toda la ruta. Una ruta espectacular, de esas que se disfrutan a lo grande. Aunque como dice Teibol, lo mejor ha sido la compañía.

0 Comentarios