Parque Natural Chasseral

Hoy es domingo y a primera hora de la mañana no se ve ningún movimiento en el polígono industrial de Saint Imier en el que he dormido. Hoy espero hacer cinco BIGS pero los tres de la tarde están muy juntos, son muy cortos y no tienen mucha dificultad, por lo que no creo que me lleven mucho tiempo, así que no salgo hasta las 08:00 para hacer los dos que parten de aquí, uno a cada lado del río Suze.



Decido empezar con la subida más corta de las dos y cruzo Saint Imier para buscar la carretera que se dirige al Mont Soleil. Todo el mundo parece estar durmiendo porque no se ve un alma.


El Mont Soleil solamente tiene cinco kilómetros pero, salvo el primero más suave por culpa del callejeo, los cuatro siguientes no bajan de la doble cifra.


La subida no tiene mucha historia al tratarse de una única zeta para remontar la pared de la montaña. La segunda recta es tan larga que se hace interminable, con dos kilómetros en los que la pendiente no baja nunca del 10%.


Se va todo el tiempo entre árboles y no se ve nada. De todas formas, el día ha amanecido nublado y tampoco se vería mucho si no estuvieran. La temperatura ronda los 5ºC y hace bastante fresco.


Corono el Mont Soleil junto a unas granjas y sin rastro del astro rey que le otorga el nombre a este monte. Se intuyen unas antenas pero no se ve muy bien por culpa de la niebla, con lo que me doy media vuelta y comienzo el descenso.


En nada estoy abajo y vuelvo a pasar por la plaza mayor de Saint Imier sin ver a nadie. No sé, me parece raro que no salgan ni a comprar el pan.


Al llegar al coche decido meterme dentro para entrar un poco en calor porque me he quedado muy frío en el descenso. Le Chasseral viene ahora con sus 14km al 6% y tampoco es que me vaya a llevar media mañana, así que me tomo el día con calma esperando a que vaya despejando un poco. Después de los últimos pepinos franceses, esta jornada me viene muy bien para descansar algo.


Al fin me pongo en marcha y el primer kilómetro es el más duro de los catorce, con una media que se va por encima del 11%. Me cruzo con un par de coches pero sigue sin verse mucho movimiento.


En el km.4 se llega al col de Pontins y hay un tramo muy suave hasta tomar un desvío a la izquierda que se mete entre cabañas de madera. Es como una zona residencial para hacer deportes invernales que tiene pinta de estar desierta.


Tras un kilómetro y medio a un suave 2%, se llega a la altura de una barrera que impide el paso y donde me tengo que bajar para rodearla por la hierba.


La pista está perfectamente asfaltada y alcanza un primer kilómetro a un 10% de media que se va suavizando poco a poco.


Voy ganando altitud y la niebla va levantando lo suficiente como para empezar a disfrutar de algún que otro rayo de sol. La temperatura sigue siendo fresca, sobre los 8ºC, pero la humedad de las nubes deja de ser un problema añadido.


Alcanzo un collado a falta de cinco kilómetros y una pequeña bajada supone un buen descanso para afrontar la parte final. El paisaje cambia completamente y se vuelve muy escénico, con un paredón de nieve enorme a la derecha y la primera vista de la montaña a la que tengo que subirme.


Tras una buena curva de vaguada, rodeado de praderas verdes y con muchos neveros a la vista, enfilo la parte final de la subida. Son cuatro kilómetros ciertamente suaves, que van de un 6% a un ligero 3% en el cresteo de la montaña.


Me cruzo con alguna que otra pareja de montañeros que me saludan cordialmente y disfruto del final de este magnífico puerto que no lo parecía tanto hasta hace bien poco.


Corono el col du Chasseral a falta de tres kilómetros para el final de la ascensión. Una valla cierra el paso a esta vertiente de Saint Imier, quedando libre la que viene de frente, de los lagos de Biel y Neuchâtel.


El cresteo me lleva hacia unas antenas que destacan al final del cordal, con una pendiente del 3-4% que permite disfrutar mucho de estos tres kilómetros. El día va despejando y eso ayuda para que el recuerdo que me quede de esta subida sea estupendo.


Sopla una ligera brisa pero nada molesta. La temperatura va en aumento y me quedo un rato observando cómo despegan varios parapentes.


Junto a la base del enorme complejo de telecomunicaciones hay una furgoneta con cuatro militares que hablan alemán, salvo uno que se dirige a mí chapurreando un poco de inglés, interesado en algunos datos de la subida. Me pregunta sobre el desnivel, las pendientes y el tiempo que he empleado, como si él también practicara bici, algo que no me da tiempo a saber porque enseguida le meten prisa lo otros tres para marcharse. 


Una vista para atrás me recuerda, salvando las distancias, al cresteo del Oiz. No esperaba mucho de los puertos de esta zona pero me llevo muy buen sabor de boca de este.


De regreso en el coche, me salen cuarenta kilómetros y 1.500m en este primer sector del día. Como algo y me pongo en marcha para afrontar la jornada vespertina con un picaflor en toda regla.

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