Al norte de Pola de Allande

Ya estoy en la última jornada de este stage de cuatro días por tierras asturianas que se me ha pasado en un visto y no visto. Como el sitio era muy tranquilo, he vuelto a dormir en el aparcamiento de Cangas del Narcea, donde ha estado lloviendo casi toda la noche. Desayuno mientras amanece y observo algunos claros que, a pesar de que sigue chispeando tímidamente, me tranquilizan para el desarrollo de la etapa. Me muevo hasta Pola de Allande para estar en marcha poco después de las nueve de la mañana.

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Al norte de Pola de Allande Allande 98 km 2650 m+ IR

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Salgo con 12ºC y un día nublado, aunque con muchos claros hacia el norte, que es hacia donde me dirijo de partida. Es domingo y no hay movimiento por las calles.


El primer puerto del día es Lavadoira, el cual empiezo a subir nada más salir. Esta subida ya la tengo hecha, pero por el otro lado, de una ruta que hice hace unos años para tachar de la lista del BIG al puerto de Piedratecha, uno de los más decepcionantes de todo el listado por estar donde está.


Por esta vertiente de Allande, Lavadoira son cuatro kilómetros y medio a un cómodo 6% de media, aunque bastante inconstante. Lo más duro se encuentra en la parte central del puerto, con varias rampas de doble cifra muy llevaderas.


Voy ganando altitud mientras el piso se va secando. Al principio se encontraba muy mojado, llegando al salpicar en las piernas y siendo bastante molesto.


Corono el alto de Lavadoira con un cartel que indica Chavadoira. Juraría que lo han cambiado y que antes ponía Lavadoira. Tendré que repasar mis fotos de hace unos años.


El alto de Lavadoira y el de Porciles están tan juntos que casi podrían considerarse el mismo puerto. Empieza a salir el sol y voy acompañando a un rebaño de vacas


El verde de estos valles no tiene nada que ver con lo que me encontré ayer al sur de Cangas del Narcea. Parece mentira que tan solo esté veinte kilómetros más al norte porque el paisaje es completamente diferente.


Un suave descenso me deja en Bárcena del Monasterio, punto en el que se da inicio a la subida al alto de Forcayao. Son otros cuatro kilómetros y medio, siendo el último de ellos el más fuerte con un 7% de media.


Corono Forcayao y me dejo caer hasta Navelgas, pasando ya de treinta kilómetros. En este punto dejo de tirar hacia el norte y me desvío hacia el oeste por la carretera que va a Villayón a través del puerto de Brañúas, un paso precioso que ya hice por la vertiente opuesta y que me gustó especialmente.


La subida a Brañúas por esta vertiente de Navelgas consta de una aproximación de nueve kilómetros muy suaves, con pendientes de llano que pica para arriba hasta llegar a Los Rellanos, donde un kilómetro al 4% sirve de calentamiento para los cuatro finales, mucho más serios.


La carretera vuelve a estar muy mojada, como si hubiera estado lloviendo hace un rato. Pero no hay nubes para donde me dirijo y el sol parece que sale para quedarse. La temperatura sigue siendo muy suave y tiene pinta de que he acertado al salir con manga larga.


Sigo avanzando por este valle, pasando por Foyedo y Barzanallana, encantado con el paisaje tal y como recuerdo de la vez que pasé por aquí, en sentido contrario, un frío día de invierno.


Llego a los últimos cinco kilómetros de esta vertiente y, por fin, empiezo a subir con más insistencia. Un kilómetro al 4% me permite ir tomando contacto con las rampas para seguir por encima del 10% durante un buen trecho.


Estos cuatro últimos kilómetros de Brañúas, por esta vertiente de Navelgas, endurecen notablemente. Hay un tramo de herraduras que permite ganar altitud sin que las rampas aburran demasiado.


Un último descanso antes de llegar a Burgazal y de nuevo un kilómetro final al 10% para endurecer la culminación de la ascensión en un paraje precioso.


Ayer me dio por contar los coches con los que me cruzaba y hoy no he caído en la cuenta, pero creo que todavía estoy por ver el primer vehículo a motor de la jornada. Reconozco que esta zona me gusta mucho para andar en bici.


Corono el alto de Brañúas y me asomo a la vertiente oeste. Es de esas vertientes que fastidia descender porque vas a tener que subir unos cientos de metros en el transcurso de la bajada.


Los aerogeneradores de la Llomba Carqueixa están todos parados porque no corre ni un atisbo de brisa. El sol ya calienta lo que debe y, aunque solo estoy a 17ºC, se está de maravilla.


Remonto hasta Parlero con buenas sensaciones. Van pasando los días y cada vez me encuentro mejor. El culo es el que más lo nota. Estos días atrás andaba incómodo pero ya voy recuperando el callo.


Sigo con el descenso hasta llegar al alto de Villayón. Pensaba meterme por la población pero, al bajar rápido, me he pasado una bifurcación, acabando en este punto. Esto creo que me ha hecho atajar tres o cuatro kilómetros sin querer.


Una vez que estoy en el alto de Villayón, solo me queda descender hasta el Puente Polea para iniciar la subida a La Marta. Llevo sesenta kilómetros y todavía no he parado ni una sola vez, ni tan siquiera para comer una barrita, así que ha llegado el momento de dar un bocado. Tampoco he probado gota y llevo el bidón repleto, lo que me bastará para llegar al final de la etapa.


En Puente Polea se inicia la subida a La Marta. Es una subida larga, de 25km, pero con muchos tramos de descenso intercalados que sirven de jugoso descanso en un puerto que salva mil metros de desnivel pero que acumula muchísimo más.


Los primeros cinco kilómetros, hasta llegar a Landequintana, salvan casi quinientos metros, lo que da buena cuenta de la pendiente media, con tramos exigentes de doble cifra que se van sucediendo sin apenas descansos.


Voy ganando altitud con prontitud, maravillado con este puerto. Es la segunda vez que subo y, a diferencia de lo que me sucede en otros en los que voy saboreando los recuerdos, en éste me pasa algo extraño y todo me parece nuevo. Puede que tenga que ver el cambio de asfalto, ya que estaba bastante estropeado cuando subí hace ya muchos años y ahora, en cambio, es magnífico.


Paso por Landequintana algo fatigado por la dureza de estos cinco kilómetros pero llega un kiómetro más suave que me sirve de recuperador antes de otro más intenso antes de la primera bajada. Las vistas son preciosas y voy maravillado, sacando fotos a destajo.


En este tramo favorable no puedo dejar de mirar para atrás. El fondo del valle ofrece un paisaje precioso, con el grueso montañoso formando un cañón maravilloso.


En casi dos kilómetros de descenso pierdo más de cien metros de desnivel y enfilo el nuevo escalón para acceder a la localidad de Bustantigo. Las rampas de doble cifra vuelven a aparecer pero, al ser un tramo más corto, no se hace tan duro como el primero.


Por fin me llega un recuerdo de la primera vez que hice este puerto, ya que me topé con un camión cisterna de una central lechera en el inicio de esta parte de la subida y me tuvo un rato atascado porque no daba para hacer la curva. El piso estaba muy estropeado en este tramo, con muchos baches, nada que ver a cómo está ahora.


La ascensión es dura pero voy disfrutando de ella. Parece que la imagen del camión que me ha venido a la cabeza me haya despertado la memoria, pero muy vagamente. Llego a Bustantigo y tenía la impresión de que se pasaba por el medio de las casas y no justo por encima. No sé por qué pero creo que lo confundía con otro.


A partir de aquí también me llevo alguna que otra sorpresa. Pensaba que Bustantigo estaba más cerca de la cima de La Marta pero todavía me quedan más de doce kilómetros para terminar. Se nota que los ritmos de subida que llevo ahora no tienen nada que ver con las prisas que llevaba cimeando, cuando Amaia y los niños me estaban esperando en lo alto de este puerto.


Corono el alto de Bustantigo y empiezo a notar algo de fatiga. Quedan más de nueve kilómetros cuando yo pensaba que este alto estaba mucho más cerca del final. ¡Menudo desfase que llevo con mis recuerdos!


Sigue sin soplar una pizca de aire. Solamente se mueve un aerogenerador pero de una forma tan lenta que hay que esperar un buen rato para que consiga terminar un giro completo.


Más de dos kilómetros de descenso me dejan en El Rebollo. Tras este paso, viene una rampa nueva que antes no estaba. Creo que han rehecho la carretera acortando muchos metros.


Empalmo con la carretera que sube del valle del Navia para enfilar los últimos kilómetros, con pendientes muy suaves hasta llegar a los dos finales. Este puerto toca a su fin y me está dando pena porque lo he disfrutado muchísimo.


Me vuelvo a encontrar con las vacas e intento tirar de memoria. Si no me equivoco, y creo que no, me parece que no me he cruzado con ningún vehículo a motor en toda la ruta. ¡Impresionante!


Llego a La Marta y me viene a la memoria la imagen de Amaia tirando fotos mientras los niños estaban tirados en el coche, después de haber potado un porrón de veces por culpa de tanta curva como hay en las carreteras de esta zona. Recordaba que se trataba de un puerto muy guapo pero no recordaba el puerto en sí. Ha sido como si lo subiera de nuevas y eso me da una idea de cómo iba antes de acelerado, casi sin fijarme en nada. Ahora disfruto mucho más de todo.


Me paro un par de veces en el descenso, antes de empalmar con la carretera del Palo y seguir por donde ya bajé ayer, hasta terminar en Pola de Allande. El stage llega a su fin con una satisfacción importante. Me da pena dejarlo ahora que he cogido un puntito de nuevo. No llega al que tenía hace un mes en los Alpes pero sí es tal como para no sufrir mucho y poder disfrutar de los puertos. La faena es que lo volveré a perder enseguida.

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2 comentarios :

  1. Cimón, La Marta, uno de los 6 que aún me quedan en Asturias. Veremos si el año próximo lo subo.

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    1. Lo disfruté muchísimo, como si lo subiera por primera vez. Me metí tal atracón en tan poco tiempo que muchos no los saboreaba como se merecían. La Marta te recordará mucho a La Quesera por Majaelrayo cuando me dijiste en una ruta de hace ya algunos años que era un puerto muy cabrón, perdiendo altitud a cada rato, jejeje

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