Los lagos suizos

Uno de los grandes atractivos paisajísticos de Suiza son sus grandes lagos, siempre rodeados por inmensas montañas. En mi avance hacia el este me encuentro con una barrera insalvable con la que no contaba. Llego a Buochs y el GPS me manda a través del lago Vierwaldstätter See para evitar la autopista. Al principio no soy consciente de lo que pasa y me paro en un arcén de la carretera para reconfigurar la ruta, hasta que veo que no hay otra forma de llegar a Schwyz si no es cogiendo un ferry en Niederdorf o rodeando por Lucerna, lo que supone una distancia excesiva que no compensa.



Por tanto, no hay otra que seguir al GPS y coger ese ferry. El año pasado me saqué un doctorado en ferrys en el Reino Unido y ya controlo su funcionamiento así que, como no hay nadie esperando, me pongo el primero de la línea nº1 y me doy un paseo mientras llega el barco.


Hay un tablón con los horarios y las tarifas. Salen cada hora y el último ha partido hace diez minutos. Por eso no hay nadie en la cola y estoy el primero. El precio para un coche más conductor es de 22 francos suizos. Se paga a bordo y no tengo francos, pero espero que acepten el pago con tarjeta.


Aprovecho el rato para comer y beber como para no tener que detenerme más en toda la tarde y van llegando más coches, completando la línea nº1 y la nº2. Unos diez minutos antes de la hora en punto llega el ferry de la otra orilla y nos vamos colocando ordenadamente. El barco se pone en marcha al tiempo que el trabajador pasa a cobrar, sin pago con tarjeta. Le digo que no tengo francos y me ofrece pagar con euros, aceptados en todas partes. No tengo más que billetes de 50€ y le pido que me de las vueltas también en euros, cosa que hace cobrando a razón de 1 a 1. Los 22 francos deberían ser 19,80€ al cambio pero me devuelve 28€. Así sale ganando y no tiene que hacer las cuentas. Son muy listos estos suizos. Bueno, en este caso no es suizo, sino de la India o Bangladés y habla un inglés perfecto.


El trayecto hasta Gersau no durará más de quince o veinte minutos, con unas vistas preciosas del lago y de las montañas que lo rodean. No esperaba disfrutar de esta atracción ni contaba con este pequeño gasto extra pero me ha encantado.


Ya en la otra orilla, continuo con el viaje hasta llegar al sur del lago de Zürich, hasta la localidad de Pfäffikon, donde se inicia la subida al puerto de Etzelpass. Nada más llegar, me doy cuenta de que he cometido un error al numerar los tracks del GPS porque este puerto debería ir después de dos que han quedado atrás, en Schwyz. Se trataba de una ruta circular ideal con dos puertos que enlazaban perfectamente pero ya no es plan de volver a por ellos. No creo que me diera tiempo y, ya que estoy aquí, daré carpetazo al Etzelpass y, yendo un poco hacia atrás, los otros quedarán para mañana.


Este puerto es de los cortos pero con pendientes elevadas, de esos que llevo mejor. He dejado el coche en una urbanización y enseguida se pone para arriba. Son solo cinco kilómetros pero por encima del 10,5% de media. Tras pasar por encima de la A3, la carretera sigue por un paraje muy cuidado.


El primer kilómetro es el más suave, luego la cosa se va poniendo seria, hasta alcanzar un kilómetro central por encima del 13%, con pendientes máximas superiores al 15% que obligan a apretar el culo.


Por suerte, estas fuertes pendientes se ven suavizadas por un piso en perfecto estado y por unas hermosas vistas del lago. Además, se sabe que el puerto es cortito y que pronto se estará arriba.


Como no podía ser de otra manera, el esfuerzo es intenso pero breve, llegando a coronar junto a un restaurante y una pequeña iglesia. Hay bastante gente comiendo y huele a carne asada, lo que casi me mata.


Las vistas hacia el sur muestran mucha pradera y montañas bajas. Se nota que estoy saliendo del grueso de los grandes picos y que me hallo en el borde norte de los Alpes.


Desciendo hacia el lago de Zürich con más de media tarde por delante. Estas subidas cortas llevan, como mucho, una hora entre subir y bajar, lo que me anima a quitarme hoy uno de los puertos del este de Schwyz.


Reando los veinte kilómetros que me he pasado de Schwyz disfrutando de las preciosas vistas que hay desde un pequeño mirador del puertito de Sattel. El verde de las praderas es alucinante y las montañas que están repartidas por él resultan muy atractivas, rebosantes de vegetación, como si fueran islotes sobre el Océano Índico.


Cruzo Schwyz y tomo la carretera que se dirige a la base del Pragelpass por esta vertiente oeste. Son solo doce kilómetros y me da tiempo a hacerlo si solo es un sube y baja. Otra circular que me como con patatas, lo que también me dejará más tiempo para mañana.

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