Al sur del Jura

Me he pasado quince horas en el coche y llego a las primeras estribaciones del macizo del Jura a medianoche. Ya lo venía pensando en el viaje y decido cancelar una primera ruta circular que tenía prevista con el col du Grand Colombier como plato principal. Creo que es mejor así porque estoy harto de petar en el primer día de todos los grandes viajes por llegar deslomado de tantas horas en la misma postura. Los BIGs franceses que me quedan los uso de comodines para la ida y la vuelta y no me importa dejarlos pasar.



He dormido en Ceyzériat, en un aparcamiento hermoso que hay justo en la base de la subida a la Signal du Cuiron. Se trata de una subida corta, de tres kilómetros y medio, a una loma con unas antenas.


Estas subidas prealpinas no tienen mucha historia y parecen más de relleno para una lista tan numerosa. Me da bastante bajón cuando me pongo con ellas porque me recuerdan que ya he hecho lo más guapo de la cordillera y porque se parecen mucho al CIMA, donde hay demasiada morralla.


Hay un kilómetro que ronda el 10% pero, en tan corto trayecto, apenas lo noto. Antes de darme cuenta, ya estoy arriba, disfrutando de los primeros rayos de sol.


Como algo antes de acercarme a Champfromier, inicio de la dura subida al Cirque des Avalanches. Este BIG ya se encuentra dentro del macizo del Jura, compartido entre Francia y Suiza.


Solo llevo apuntados los nombres de los puertos, la localidad de inicio, la distancia y el desnivel a superar. Al llevar el track de todos ellos en el GPS no me hacen falta más datos. Cuando veo que esta subida supera los 500 metros en poco más de cuatro kilómetros, ya me preparo para el calentón que me voy a llevar.


La carreterita se pone seria desde el principio, atravesando por unas casas, hasta que se esconde en la montaña, siguiendo la roca que asomaba entre los árboles.


No se baja de la doble cifra en ningún momento y enseguida se obtienen una vistas enormes por la gran ganancia de altitud. Tengo ganas de puertos alpinos y me veo subiendo 'caleyas' tipo Siero pero me lo tomo como una jornada de calentamiento previa.


No hay ninguna rampa excesivamente dura, tan solo un pico por encima del 15% y, ya finalizando, otro en el que el GPS me marca el 20%. Al llegar arriba, me llevo el chasco de que no hay nada. La subida culmina en una pista rodeada de árboles.


Me he subido con unas toallitas húmedas en el bolsillo y aprovecho la soledad del lugar para plantar un pino y marcar bien el territorio. No hay mejor forma de coronar puerto que esa.


Me doy media vuelta y me detengo en la última curva para disfrutar un poco de las vistas antes de seguir camino. En este rediseño improvisado de las primeras etapas, me queda un momento para visitar Ginebra.

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