Recogida del dorsal

Esta tarde es la recogida de dorsales para la IV. Picón Castro. Termino de comer y aparco el coche en la plaza del ayuntamiento de Espinosa de los Monteros, donde va a tener lugar la entrega. Parece que todo está preparado y me acerco a las mesas pero la hora fijada es a las siete de la tarde. Todavía falta mucho y, aunque muy amablemente me preparan la bolsa del corredor, faltan por llegar los dorsales y no me la pueden dar todavía. Como la salida y llegada de la prueba van a ser junto al Albergue de Espinosa, dejo allí el coche y me marco una ruta a la carrera aprovechando la sesión diaria del programa del V800 que estoy siguiendo desde hace unos días.



Me preparo con la ropa de running y me pongo a correr rumbo al centro de Espinosa. En este tramo, me encuentro con un chico que me pregunta si voy a ir a la charla de nutrición deportiva que se ofrecerá a las ocho de la tarde. Mañana, después de la prueba, me voy a enterar de que es él el que la imparte.


Llego a Espinosa tras diez minutos en zona 1 y 2, momento en el que debo pasar a zona 3 durante cincuenta minutos. Se me acaba el pueblo y decido seguir por la carretera de Soncillo.


Atento al reloj para dar media vuelta, llego hasta Barcenillas de Cerezos. Justo cuando estoy llegando, se pone a tronar y me caen un par de gotas gordas.


La vuelta a Espinosa la hago bajo una tromba de agua tremenda. Me empieza a llover antes de cruzar las vías del tren de La Robla y ya no para hasta llegar a las mesas de la organización, a resguardo bajo lo soportales del ayuntamiento. Recojo la bolsa del corredor y me marcho a la carrera, a punto de terminar la fase de trabajo.


Camino del albergue, deja de llover y sale el sol. Voy empapado pero a gusto porque la temperatura sigue siendo alta. Termino la fase de trabajo y entro en la de enfriamiento.


Los últimos cinco minutos vuelven a ser en zona 1 y 2. Me doy una vuelta alrededor del albergue para terminar junto al coche. Así a lo bobo, me han salido once kilómetros muy entretenidos y he pasado la tarde.


Son la siete y media y la charla de nutrición es a las ocho pero he decidido no ir porque quiero cenar y echarme a dormir porque mañana hay que salir a las seis y yo quiero desayunar fuerte, así que pondré el despertador a las cuatro. Echo cuentas y, si quiero dormir por lo menos siete horitas, para las nueve ya debería estar con los ojos cerrados.

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