Brevet 200: La vuelta a La Sía

Haber estado parado más de un mes, me obliga a retomar la preparación del Everest allí donde la dejé. Tras los tres mil metros del otro día, me planteo una brevet independiente de 200km con La Sía como punto más importante y, con un frío que pela por el valle del Cadagua, pasando a -1ºC por Sodupe, llego a la primera tachuela del día: la Herbosa.




La diferencia térmica que se espera para hoy es muy alta y, ya en los primeros ratos de sol, se empieza a estar muy bien.




Dejo atrás La Herbosa y El Peso, las dos tachuelillas que hay entre Zalla y Trucios, antes de empezar a subir La Escrita que, sin ser tampoco gran cosa, ya se puede considerar un puerto en toda regla.




Son unos pocos kilómetros por tierras cántabras antes de volver a ingresar en el vizcaíno valle de Carranza a la altura de la cima del puerto.



A diferencia de días atrás y de otras ocasiones en las que me he acercado a Carranza, la bajada está muy templada. Se nota el solete y, por lo menos en la franja central del día, voy a poder disfrutar de la bicicleta como no hago desde hace ya demasiado tiempo. Así comienzo a subir a Peña Ranero, que lo he incluido en la ruta para poder redondear los doscientos kilómetros.



La parte suave de Peña Ranero la paso con muy buenas piernas y la complicada tampoco es que me cueste demasiado. Parece que estoy en un punto muy bueno para lo poco que llevo andado durante este año.




Me encanta esta subida, tiene todo lo que hace falta. Las vistas desde arriba, de todo el valle de Carranza, son espectaculares. Me detengo a la altura del cartel y hago el primer pequeño avituallamiento del día.



El cartel sigue estando en muy buenas condiciones. Los cuidados que le hice lo mantienen con un barnizado perfecto y aún no se ha degradado nada. Los siete años que prometía el fabricante, si se le daban tres manos completas, empiezo a verlos posibles.



Sin detenerme demasiado tiempo, que la jornada va para largo, me pongo a subir Ubal por la vertiente natural de Concha. Este puerto, al igual de todos los de la zona, ya me lo sé de memoria.




La primera parte transcurre por una zona algo urbanizada y no me gusta demasiado pero, de mitad para arriba, tiene unas vistas magníficas.




Sus números tampoco están nada mal. Sus siete kilómetros al 7% lo convierten en una buena piedra de toque para ir calentando motores de cara al coco de la jornada.




Estamos en pleno invierno, con la vegetación medio muerta, y esta zona sigue con un verde increíble. El occidente vizcaíno es una auténtica gozada para los amantes del verde ácido como yo.





Corono Ubal y el espectáculo es de los guapos. Las montañas cántabras que rodean a los puertos de acceso a la meseta están completamente nevadas y la postal es increíble.




Otro pequeño avituallamiento en la cima, aprovechando que el solete calienta cuando estás bien quieto como una lagartija, y desciendo hasta Lanestosa. Esta bajada ya no es tan cómoda como las anteriores y las zonas sombrías son bastante desagradables.



Antes de llegar a Ramales de la Victoria, tomo el desvío que me lleva al collado de Asón siguiendo el curso del río Gándara. Son 27km hasta La Sía y el primer puerto largo y de entidad que afronto en lo que va de año.



Aunque realmente, lo que se dice subir, solo se sube de forma continuada a partir de Regules ya que, hasta llegar ahí, son ocho kilómetros inconstantes, con subidas y bajadas que se suceden con muy poca altitud final conseguida.



De Regules para arriba ya cambia la cosa y, aunque la media rondará el 4% y no supone mucho problema, por lo menos no se deja de subir y la sensación de puerto es mucho mayor.



Cada vez más aérea, la subida va ofreciendo paisajes asombrosos. Es uno de mis puertos favoritos, sea cual sea la época del año en la que me acerque por aquí.





Llego al desvío para La Sía y, aunque solo me quedan unos metros para ir al mirador del Asón, no me apetece dejar de subir y ponerme a descender, así que lo dejo de lado. Total, lo tengo ya muy visto.




En las primeras rampas de los poco más de ocho kilómetros que me quedan, las vistas sobre La Gándara son de lo más bello que te puedes echar a los ojos.




Es algo así como las dos y media y la temperatura es excepcional. Se está muy agusto y se me ocurre llamar a Amaia para que mire en Internet horarios de trenes desde Espinosa de los Monteros hasta Bilbao. Me encuentro muy bien de fuerzas y veo que voy a coronar con suficiencia como para cambiar de planes y hacer algún puerto más en la zona, sacrificando kilometraje por acumulado. Me ha venido a la cabeza subir el Picón Blanco en cuanto llegue a Espinosa y apurar lo que pueda hasta coger el tren.



El tren sale de Espinosa de los Monteros a las 19:35, un poco tarde para mí pero así tendría tiempo para hacer algo más. Tal vez... Castríos. Me empieza a gustar la idea y tiro para arriba muy convencido de ello.




A medida que voy ganando altitud y la nieve va haciendo acto de presencia, el paisaje es el no va más. Al personal le suele gustar mucho más el vecino puerto de Lunada pero a mí el portillo de La Sía me parece una bestialidad de chulo, con unos cambios brutales y ¡ya no te digo si le metes el Asón por Arredondo!





Superada la cota 800, la nieve ya está por todas partes y empiezo a pensar que no va a ser posible hacer otros puertos en la zona. Además, no son carreteras de paso y no creo que puedan estar limpias como ésta.





Y bien que me fastidia porque la idea era cojonuda. Subiendo más puertos de la zona podría pasar de 4.000 metros de desnivel acumulado y avanzar un paso más en la preparación y, matando dos pájaros de un tiro, me evitaba tener que chupar frío en la larguísima bajada que tengo hasta Bilbao, con el descenso brutal de temperatura que se espera para cuando caiga el sol.





A un par de kilómetros para coronar, empieza a aparecer algo de hielo en las zonas sombrías. No estoy preocupado porque han pasado un par de coches y la señal de inicio de puerto indicaba que se encontraba abierto.



Esta parte final es ya una locura. Se está convirtiendo en un clásico invernal y me vienen un montón de imágenes a la cabeza de otras salidas de años anteriores.





La zona del Picón Blanco tiene que estar imposible, así que me vuelvo a mentalizar para seguir hasta casa y completar la distancia original de doscientos kilómetros.





Los últimos cien metros los tengo que hacer andando. Hay bastante hielo en la recta final que se encuentra siempre a la sombra y, aunque han pasado un par de coches y está marcada la rodada, no quiero arriesgar a caerme de lado.




Con un sol magnífico, una temperatura muy agradable y una ausencia total de aire, corono el portillo de La Sía, uno de esos puertos preciosos que uno no se cansa nunca de visitar.



Tomo el último avituallamiento del día y me preparo para la bajada. En la primera curva veo como una máquina intenta abrir camino en la pista que enlaza La Sía con el Picón Blanco pero, por lo que se ve, con muy poquito éxito porque hay mucha mucha nieve acumulada por la parte alta.



El curveo hasta llegar a Las Machorras, por una pista preciosa entre el manto de nieve, convierte la bajada en una delicia. Las cabañas pasiegas, casi enterradas, están chulísimas.






Entre pitos y flautas, llego a Espinosa de los Monteros poco antes de las cuatro de tarde. Ya no se está tan bien y se nota que la temperatura va a caer de golpe. Tengo 75km hasta casa y es muy probable que se me haga de noche antes de llegar. Me da que puedo chupar mucho frío en este descenso.



En vez de tirar directo hacia la nacional, me meto para Bercedo por el pequeño alto de Noceco. Es una carretera más tranquila y no pasa ni un solo coche por ella.




Solventada la pequeña tachuela, llego al puerto de El Cabrio dispuesto a congelarme en la bajada. Ya se nota el fresco y, para más putear, el aire me pegará de cara en todo el trayecto impidiendo que alcance una velocidad crucero acorde a un terreno favorable como el que me queda.



Metido en pleno valle de Mena, la tarde va cayendo poco a poco y la temperatura de golpe. Empiezo a barajar la posibilidad de coger el tren en Balmaseda para ahorrarme esos 32km a orillas del Cadagua que pueden ser heladores en cuanto se apague la luz.



A la estación de tren llego a las 18:05 con un frío que pela y, cuando voy a sacar billete, el revisor me dice que el tren de Bilbao no sale hasta las 18:50. Si me tiro 45min en el andén me puede dar algo y en tres cuartos de hora estoy casi en casa si voy en bicicleta, así que le digo que no me de billete y me cepillo el alto de Gobeo antes de llegar a Zalla.



Ya hay muy poquita luz cuando llego a Zalla y el vapor de mi respiración produce una nube evidente. La temperatura se ha desplomado y me meto en un Dia pata tomar una cocacola y para entrar un poco en calor. Me quedan 25km para llegar a casa y va a tocar sufrir. El paso por Sodupe es gélido y, al llegar a Alonsotegi, ya voy en modo off y ya ni siento ni padezco.

Llego a casa con 201km y unos 3.600 metros de desnivel acumulado que me dejan muy buen cuerpo. Salvo por el frío que he pasado al principio y, sobre todo, al final, la etapa ha sido una gozada.

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