BILOBI, regresan las grandes distancias

Hoy por fin, después de algún que otro aplazamiento a causa del tiempo, y tras dos semanas de abstinencia de hacer deporte por un trancazo majo, me dispongo a realizar la BILOBI, una brevet independiente de 300km entre Bilbao y Logroño que reedito más de tres años después de haberla hecho por primera vez, aunque variando un tanto el recorrido para no repetir mucho.




La primera dificultad es Dima. No me complico mucho para hacer la subida a la meseta y escojo una de las más suaves.




Un domingo por la mañana no pasa ni cristo por esta carretera y, desde que está arreglado el piso, es una gozada de puerto para empezar una ruta larga.




Con kilómetros al 5% como tope y una parte final mucho más suave, coronar Dima, tras 11km de ascensión, no supone mayor esfuerzo.



A falta de poco más de un kilómetro, me adelanta otro ciclista y, como lo tengo siempre a la vista, me pego un acelerón antes de la raya de premio de la montaña para continuar un poco acompañado y entretenido.



En la recta posterior en bajada se agranda la diferencia que me lleva y me cuesta un poco cogerlo. Lo hago en una pequeña rampita de uno de los toboganes previos a llegar a Otxandio.



Con agradable charleta de por medio, llegamos a Legutiano, donde nos separamos. Él tira para Zárate y yo para Vitoria.



A Vitoria llego por la vía de servicio de la base militar de Araca, que discurre paralela a la autovía. Por primera vez, gracias al GPS, no pierdo ni un instante en las múltiples rotondas de la capital de Euskadi.



Unas obras entorpecen la salida directa para Treviño por el puerto de Zaldiaran y tengo que callejear un poco sin mayor problema. La recta interminable de inicio sirve para no perder de vista el objetivo de la subida en ningún momento.




Prefiero este puerto para pasar a Treviño frente a su hermano puerto de Vitoria, que discurre paralelo pero mucho más concurrido. Aquí no te encuentras un coche ni de casualidad.




El día ha salido nublado en la costa y es en la subida a Zaldiaran donde se empiezan a ver claros. En Logroño está despejado con total seguridad.



De medio puerto para arriba se empieza a estropear un poco el piso pero sin ocasionar el más mínimo problema. Aún así, desde la última vez que subí por aquí, está bastante más quebrado.




Son casi ocho kilómetros de puerto que pasan en un ti-tá. Apenas algúna zona se acercará al 6%, quedando muy diluída en una media cercana al 3%. Un paseo de puerto.




En la cumbre de Zaldiaran hago la primera parada de la jornada con casi 80km recorridos. Toca echar un meo antes de iniciar el descenso y aprovecho para llamar a Amaia y confirmar que no estaré para comer. Dudaba un poco de mi estado de forma después de haber estado algo pachucho los últimos días y, por lo que parece, la cosa marcha bien.



El descenso a Treviño es una gozada, con un cambio de paisaje que se agradece en estas fechas al estar los campos de cultivos verdes como alfombras.



Además, la carretera acompaña gracias a que han reasfaltado recientemente esta parte perteneciente a Burgos.






Carreteras solitarias estas del condado, muy adecuadas para la práctica del cicloturismo relajado. Tan solo tienen un pequeño inconveniente: la cantidad de repechitos que te vas encontrando por todas partes.




Hay tal cantidad de repechos que, tras dejar atrás Ventas de Armentia, hay que sufrir las rampas del alto de Moraza antes de llegar a Peñacerrada, a donde se llega por una recta enorme que nos planta a los pies del puerto de La Herrera.






Por esta vertiente, La Herrera no tiene nada que ver con la subida sur, la de Leza. Tan solo el segundo kilómetro, con una media del 9%, y alguna rampa continuada de doble cifra posterior, nos recuerda la dureza de este magnífico puerto.




Una vez superados estos escollos iniciales, los múltiples descansillos permiten disfrutar de una subida muy relajada.




¡Y tan relajada! La parte final, con las antenas ya a la vista, con el sol luciendo en lo alto, con un tráfico nulo y con las fuerza intactas, me anima para continuar con esta brevet independiente con muchas ganas.





Lo mejor de este puerto es que sabes que la cima tiene recompensa tras la primera curva. No merece la pena detenerse a la altura del cartel, hay que continuar 500m más.



Porque las vistas desde el Balcón de La Rioja, como así se denomina a este puerto en muchos mapas de carretera, es una auténtica pasada. Los campos de cultivo, los viñedos, las parcelarias, ..., forman un mosaico de colores inmenso con el remate final de las cumbres nevadas de la sierra de La Demanda a lo lejos.




Poco más de una veintena de kilómetros después, llego a Logroño. El terreno favorable, unido al aire de culo, hace que llegue rápidamente. También ayuda que, tras pasar Laguardia, me adelante un ciclista y se mantenga a unos pocos metros de mí, como marcando un ritmo sin llegar a cogerle, hasta entrar en la ciudad por el puente del Ebro.



Rememorando la anterior BILOBI y porque, todo sea dicho, en Logroño hay poco más para ver, me adentro en la capital riojana hasta verle los cojones al caballo de Espartero.



Aprovecho un banco para meterme un palmerón de chocolate enorme con una cocacola al calor de un sol primaveral que achicharra si te quedas quieto y parto sin mayor demora a por Bernedo, primer escollo del camino de vuelta.



El tramo de aproximación, ahora con el aire de cara, es bastante coñazo. Supuestamente, ya que así aparece el típico cartel azul de carretera, el puerto de Bernedo comienza a la salida de Oyón, ya en territorio alavés. Solo la visión contínua de la sierra de Cantabria ameniza la marcha.




A medida que me acerco a Yécora, el viento sopla con mayor intensidad. La pendiente es muy floja, casi ridícula, aunque no se deja de ascender desde que se sale de Logroño.




Meano aparece en la ladera y desde allí se iniciará la auténtica subida. Parece que no llega nunca el momento de inclinar la carretera definitivamente.




Pero, por fin, llega el momento de ascender un puerto. Con pendientes no demasiado exigentes pero que, en algún tramo llegarán al 8-9%, se inician las hostilidades en cuanto se pasa a territorio navarro. El viento es más fuerte pero, al ir el trazado zigzagueando en la ladera, hay momentos en que se pilla favorable y hasta cae majete.





Las grandes rectas de aproximación dan paso a una parte mucho más entretenida, en la que algunas curvas de herradura hacen acto de presencia mientras se va ganando altitud y se disfruta de unas vistas inmensas de la llanada riojana, alavesa y navarra. Estamos en la conjunción de las tres provincias y la tierra no sabe de fronteras.




Se llega a Meano a falta de menos de dos kilómetros para coronar. Ya van muchos kilómetros de ascensión continuada, aunque con una pendiente irrisoria. A partir de aquí, nos situamos cercanos al 5% hasta llegar a la cima.





Es la parte más entretenida de esta vertiente del puerto de Bernedo. Se deja a la derecha el desvío a Lapoblación para terminar de coronar de una santa vez.





La cima es, sin duda alguna, lo más reseñable de esta subida. La carretera se adentra entre riscos por la montaña, en un paso muy chulo jalonado con la señal de puerto llamado aquí La Aldea.



Por el paso corre el aire desbocado y bastante fresco. Va entrando la tarde y el sol ya no calienta tanto, así que hay que abrigarse bien para el descenso, apenas cuatro kilómetros hasta Bernedo, de nuevo en Álava.



Camino de Armentia, otra vez en el condado de Treviño burgalés, el terreno se vuelve ondulado con múltiples repechos de esos que sumados todos ellos equivalen a otro puerto, pero sin puntuar.



Hasta que, poco después de pasar Uzquiano, se inician las rampas de acceso al puerto de Vitoria, una tachuelilla de un par de kilómetros con bastante tráfico para lo que es la zona.






El rápido descenso del puerto de Vitoria me deja en las calles de la ciudad. Va a anochecer en breve y me tengo que avituallar para lo que me queda. Pero hacer estas rutas en domingo es lo malo que tiene, que está todo cerrado y solo en los bares puedes meterte algo para el cuerpo. Así que aprovecho la presencia de un McDonalds en la salida de Gamarra para comer un menú rápido con hamburguesa, cocacola y patatas, lo suficiente como para no tener que echar ni un trago de agua hasta que llegue a casa.

Con la panza bien repleta, me pongo de nuevo en marcha con todas las luces a tope. A la altura de Legutiano, algunos kilómetros antes, se me hace de noche.



Y, a pesar de que teníamos para estas fechas la mayor luna llena conocida últimamente, a Barazar llego con una oscuridad total en la que no se me un carajo más allá del chorro de luz que emiten mis focos.



Llego a casa sin mayores problemas, muy satisfecho por cómo acabo. Antes de salir era todo una incógnita. ¡A por más!

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