BIVIBI: 200km con suspense

Después de darme media vuelta en Barazar el sábado pasado, hoy toca hacer la BIVIBI pero cambiando el recorrido para no andar repitiendo. Krutzeta se me quedó sin hacer el sábado y será de la partida. Lo demás va dependiendo del puerto que he elegido para subir a la meseta: La Barrerilla, uno poco habitual en mis rutas.

Salgo muy tarde, pasadas las 09:15. Me entretengo metiendo el track de la ruta en el GPS, ya que aún tengo el de la anterior brevet independiente y no me había descargado el de esta. Además, tengo las ruedas flojitas y echo otro ratillo en el coche con el compresor.

Con un frío que no me espero, ya que hay previstos 18ºC hoy en Bilbao, tiro para Orduña. Como siempre, el Alto de Miraflores es mi particular calentamiento. Es en Amurrio cuando empiezo a disfrutar de la ruta de hoy con la primera visión de la Sierra Salvada. Las diferentes cumbres, sobre todo el Txarlazo, se encuentran ocultas en una densísima niebla.






Llego a Orduña con 45km de rodaje y bastante aire de cara. Espero que el viento sur, aunque no es demasiado fuerte, continúe durante toda la jornada para pillarlo favorable a la vuelta. Tomando la carretera de Vitoria empiezo a subir La Barrerilla.




El primer kilómetro, casi llano, transita por una recta larguísima hasta el cruce de Artomaña. Apenas una curva en todo este tramo de calentamiento.




Es a partir de ahí cuando empieza la auténtica subida, aunque la pendiente nunca sobrepase el 6-7% en la media docena de kilómetros que posee el puerto.




Poco a poco se van ampliando las vistas del valle de Ayala, con una niebla cerrada sobre Orduña muy espectacular.







Pasada la media subida, entro en Álava. Se puede apreciar a la derecha, aunque no es del todo visible, la zona en la que se encuentra el salto del Nervión, el nacimiento de lo que será la ría de Bilbao, el salto de agua más alto de la península ibérica, solo superado por la cascada de Gavarnie, ya en territorio francés.





Una sucesión de curvas siguiendo el cortante rocoso de la ladera, con poca pendiente a su paso, me dejan en la cima de La Barrerilla.









Una larga recta me prepara la vista para los siguientes kilómetros, en los que toca rodar de nuevo.




A 25km de Vitoria, me desvío hacia la derecha, en dirección a Pobes. Hacía fresquillo por Llodio, siempre bordeando el Nervión, pero aquí arriba el aire de cara es helador.





La masa nubosa atascada en el paso de Subijana, justamente a donde me dirijo, ofrece una visión sobrecogedora.



Me encuentro un tramo en obras a la salida de Kuartango. En un par de ocasiones tengo que desmontar y seguir a pie. A lo lejos... ¡la niebla! Allí tiene que hacer una rasca de cojones.





¡Y vaya si hace rasca! Llego al túnel del paso con ganas de llegar al otro lado y girar más de 90º en dirección a Nanclares. Seguro que, con aire a favor, la sensación térmica se suaviza.



Pero nada más lejos de la realidad. La masa nubosa se disipa, pero no del todo. Hay como una neblina sobre los campos que me deja la cara helada.



Tras unos cuantos kilómetros llanos, rodando a muy buen ritmo, llego a Vitoria con 100km recorridos. Busco un banco al sol para comer unos donuts y bastante fruta. Desde ahí llamo a Amaia que me confirma los 18ºC de Bilbao. Sin embargo, en Vitoria estamos a 5ºC, y eso que son las 14:00 horas. Me piro cagando leches en busca del embalse de Ullibarri-Gamboa.



A la altura de la presa, se empieza a ver la niebla. Aún así, a medida que me acerco a la montaña noto como va templando la temperatura.




Un par de curvas en un tramo que pica para arriba me ayudan a ganar la altitud del embalse para así poder disfrutar de sus preciosas vistas.





Aunque he rodado mucho por las carreteras de la zona, nunca había pasado por este tramo. Me maravilla el paseo que bordea el embalse, la llamada Ruta del embalse de Ullibarri-Gamboa, una pista en perfecto estado que rodea el embalse a lo largo de sus 45km de perímetro. Me estoy pensando llevar allí mi intento de maratón independiente.









Tras unos kilómetros de gran disfrute de los sentidos, una vez pasada la población de Landa, inicio un tramo ascendente que me lleva hasta la cima del puerto de Arlabán, apenas apreciable por esta vertiente.





Una vez arriba, la temperatura templa mucho más en la vertiente guipuzcoana. En el descenso, los ojos puestos en la cima del Udalaitz que asoma por allí lejos.



En Aretxabaleta inicio la subida a Untzilla, una dura piedra de toque de apenas 4km.





Los tres primeros kilómetros sirven para ir tensando las piernas. Una vez que entramos en Álava, la cosa cambia totalmente.







Pocas fotos se pueden sacar en este kilómetro final, de más del 11% de media y con rampas cercanas al 20% en su parte más exigente.




Corono Untzilla con las pulsaciones por las nubes y tiro para abajo, pero las obras que están haciendo para la alta velocidad hacen que me salte el desvío de Aramaio.



Adelanto a dos ciclistas camino de Mondragón. Algo no me cuadra y me detengo para preguntarles. ¡Joder! ¡Que Krutzeta está en obras! La opción que me dan es volver a subir Untzilla y conectar desde allí, por la carretera del alto, con Aramaio. Por un momento se me pasa por la cabeza tirar por Kanpazar de nuevo, como con la última brevet de 200km que hice hace unos días, pero quiero hacer Krutzeta aunque se me disparen los kilómetros y me tenga que volver a chupar las rampas de Untzilla.

Regreso sobre mis pasos y llego al inexistente inicio del puerto de Krutzeta bajo el viaducto del TAV. Se me enciende la lucecita y voy andando por si acaso se pudiera seguir montado pasado el viaducto. Allí me encuentro a unos magrebíes, junto a las casetas de la obra, a los que les pregunto si la carretera continúa más adelante.

Me contestan que sí, que solo son 500 metros, así que para allí que me voy andando cuando me da alcance un todoterreno y me prohíben el paso por motivos de seguridad. Le lloro al mandamás diciéndole que voy a llegar de noche si me hace dar un rodeo de 30km con dos puertos y no sé qué más, de manera que, muy a su pesar, no le queda más remedio que decirme ¡anda, corre, pasa y date prisa!



Por poco no paso, pero continúo con la subida pocos metros más adelante. El sol ya está muy bajo y, aunque sé que voy a llegar de día a Otxandio, se me estropean mucho las fotos.



Al paso por Aramaio es cuando Krutzeta empieza de verdad, con varios kilómetros constantes que van incrementando poco a poco su dureza.








En el alto, en vez de seguir para Legutiano, tomo el desvío a Olaeta. Una rampa exigente desvela que aún no estamos en el punto más alto.



Coronada esta rampa trampa, se suceden dos o tres más en un kilómetro de toboganes antes de iniciar el definitivo descenso hasta Olaeta.




El día toca a su fin. Llego a Otxandio sin luces pero ya tengo que encender todo lo que llevo. En el puerto de Dima, que por este lado no es subida, ya es noche cerrada. Me quedan 30km hasta casa y la oscuridad es mi compañera.

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