ALPES: Morzine rodeado

Esta jornada no necesita de mapas. El único problema radica en elegir el orden por el que iré haciendo las subidas, ya que Morzine es el punto de partida de todas ellas. Lo más importante, por tanto, es el lugar en el que dejaré el coche para los avituallamientos. Como por la mañana hace fresco, decido dejarlo entre Avoriaz y Joux-Plane para poder cambiar de vestuario si hiciera falta. Asímismo, dejo el bucle Ramaz y Encrenaz para después de comer bien a mediodía.

A eso de las 08:00 de la mañana, ya que el kilometraje total de las etapas planeadas no me obliga a empezar demasiado pronto, inicio la subida a Avoriaz, una estación de esquí que también da nombre a la localidad de Morzine.









La subida cumple todos los patrones estandar de uno de los dos tipos de subida de los Alpes: perfecta carretera, pendiente mantenida entre el 7% y el 8%, final suavizado en estación de esquí, amplias vistas de la localidad de inicio, longitud media, ... Este tipo de subida no es el espectacular, sirve para tener conocimiento de la zona, pero no enamora.







Una vez alcanzada la parte alta de la ladera, la subida se suaviza mucho, hasta el punto de convertirse en un paseo el hecho de llegar a Avoriaz.











De nuevo abajo, con una temperatura algo más templada, me pongo un vestuario más adecuado, como algo en el coche, relleno el bidón y me tiro para un buen rampón que marca el inicio del Col de Joux-Plane. El inicio de este y de Avoriaz se encuentran frente a frente en la misma rotonda.





Este puerto difiere muchísimo del anterior. Para empezar, la pendiente es muy alta de inicio y la carretera estrecha serpentea por la ladera sorteando los diferentes caseríos.





Metidos en un bosque, se sigue serpenteando contínuamente por encima del 10%. El paisaje de montaña va ganando terreno al urbano poco a poco.






En 9km se llega a un primer collado. Una estación de telesillas preside la zona. Está petadísima de ciclistas de descenso que se tiran por la otra ladera. Allí pregunto por el Joux-Plane porque me extraña no ver señalización en un puerto tan sonado y me indican que aún me quedan unos kilómetros, pero la dureza del puerto ha terminado ya que se trata de mediollanear un poco más.










Tras ese breve paseo, se llega al Col de Joux-Plane. Es un pequeño paraíso en el que se aprecian decenas de senderistas por las laderas de las montañas. No le falta detalle, con su bar de montaña, su laguito, ...









De regreso al coche, con horario europeo, me preparo la comida. La temperatura ha subido mucho y ya hace calor, pero se está muy bien. En ningún momento puedo decir que el calor haya sido sofocante. La temperatura es ideal para andar en bici sin preocuparse por pasar fresco en los descensos. Descanso un poco y tiro para el Col de la Ramaz. Es en Fry donde inicio la subida, coincidente en los primeros kilómetros con el Col de l´Encrenaz.



El tramo común, y un poco más, es bastante soso. Podría decir que estoy en cualquier carretera vasca, con el verde de la vegetación rodeando por todas partes. La pendiente es mantenida, sin grandes rampas, pero cada vez más exigente.







Hasta que se llega a Le Praz de Lys (otro de esos pueblos íntegramente dedicados al mundo de la nieve) y el paisaje cambia completamente. Se llega a un primer collado y se abren las vistas. Praderas y picos llenan la vista por cualquier parte. Ya solo queda otro pequeño tramo para llegar al Col de la Ramaz, un pequeño paseo.









Una línea en el suelo marca el premio de montaña y hay que buscar un buen rato un cartel de senderismo que indica el nombre del collado.



Desciendo nuevamente medio puerto para encontrar el desvío a l´Encrenaz.



O estoy muy fuerte, o la subida me parece poca cosa. Por una pista forestal se llega al Col de l´Encrenaz, sin grandes rampas, sin grandes vistas, sin gran nada de nada.










El descenso a Morzine me deja bien claro que la vertiente jugosa era la otra, no la que yo he subido, aunque tampoco sea nada del otro mundo.



Ya solo me queda el traslado en coche a orillas del Lac Léman para iniciar en Thonon Les Bains la subida al Col des Arces. El desfiladero por el que discurre el río Dramse es una pasada.




Pero en Thonon me tiro media hora dando vueltas entre rotondas. El tráfico es muy elevado en esta vía que une Francia y Suiza y acabo hasta los huevos de entrar y salir de la carretera principal sin tener éxito. En una de estas, veo gente en una playita y, como hace calor, como estuve bacilando con Ander sobre este peazo mar interior, decido tomarme la tarde libre y bañarme en el lago.










No veo a nadie que se meta en el agua. Si acaso alguno con los pies en remojo. Pero como yo voy lleno de mierda hasta los topes no me importa en absoluto, así que dejo la toalla sobre el verde césped de la orilla y para adentro que me meto. El agua no me parece que esté fría, que yo soy del Cantábrico y ya estoy curtido, pero es super incómodo andar con las piedras del fondo. Aún así, me pego un buen chapuzón y meriendo en esa campa mientras me seco al sol. Sin duda, el cambio de planes me ha sentado de maravilla.

Después de un buen rato, me voy para Suiza antes de que me cierren las gasolineras. Me paran en la aduana y me piden la documentación. No pasa de un par de minutos y continúo por la orillita del Lac Léman camino de Montreux.





En Montreux, lo primero, lleno el depósito. Encuentro una gasolinera Esso con buen precio. Llenar me sale solo 62€, lo cual considero que está muy bien. Pago 70€ y me devuelven el cambio en francos, con lo que me gasto esa diferencia en unos plátanos, unas galletas, unas tabletas de chocolate con avellanas y unos caramelos de menta para no traerme a España dinero inservible.

Como aún es pronto, decido darme un paseo a orillas del lago antes de buscar dónde dormir camino del Col de Jaman.






¡Vaya pasada Montreux! Ya no queda mucho para que anochezca, así que me voy a buscar el puerto, que se inicia entre calles y no será fácil encontrarlo. Pero tengo suerte y voy directo gracias al plano que me llevé impreso de casa.






Aparco en el primer descansillo que encuentro en la subida fuera del núcleo de población. Las vistas son acojonantes, un espectáculo visual. Mañana tocará desceder un par de kilómetros, que son durísimos, para empezar el puerto como tiene que ser. El ocaso no es perfecto, ha estado todo el día despejado pero se está nublando mucho.

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