Vuelta a Portugal (V)

Me pongo en marcha aún de noche. Hoy tengo mucho terreno llano e intentaré llegar lo más lejos posible porque quiero ganar tiempo para el última día. He quedado con unos colegas de Sevilla y no querría llegar tarde, ni a la cita con ellos, ni a la salida del autobús.




Me amanece en la Sierra de Arrábida, adonde he llegado disfrutando de la noche. Las vistas de la costa son magníficas, aunque la bruma mañanera me cubra el horizonte. Es ya en Setúbal cuando se puede decir que es de día y, con varias horas de adelanto sobre el horario previsto, cojo el ferry que me llevará a Troia.












El ferry es abierto, a diferencia del de Lisboa, y me siento el rey del mundo disfrutando del amanecer en el mar, como Santa en 'Los lunes al sol'. El trayecto es un poco más largo, y el precio 4,50 € para los que vamos en bicicleta. Una vez en el embarcadero de Troia..... ¡a rodar!





Me pego una buena kilometrada empezando en la Península de Troia, totalmente residencial para extranjeros, y siguiendo paralelo al océano. Según voy bajando, todo se aprecia más y más humilde. Cortijos aislados en la sequedad. Apenas hay vegetación. Contados repechos. Lo más interesante es ver a la poquísima gente que te encuentras a la sombra del único árbol que hay en la llanura. Rasgos envejecidos, cutis castigado, ...






Los precios por esta zona son aún más bajos. Una cocacola de lata en un restaurante 0,75 €. Paquete de patatas fritas grande 0,80 €. En Cercal me meto en un supermercado supercutre y me cobran 1,54 € por un bocadillo de salchichón, un yogur danone de fresa, otro de plátano, un batido de chocolate y un refresco de cola de marca blanca. ¡Es alucinante! Tanto, que llamo a Amaia para contárselo desde un banco en el que me siento para comer.







Prosigo la marcha y me encuentro con un betetero con alforjas en un repecho. Le saludo y le adelanto, y en el alto me coge haciendo alguna foto sobre la bici. "¿Las haces en marcha?", me dice. ¡Coño! ¿Eres español? No le entendí el saludo y creía que era portugués. A partir de ese momento comparto ruta con él hasta Alijezur. Como llevo mucho tiempo de adelanto me amoldo a su marcha. ¡Qué mejor que romper la rutina con un improvisado compañero!




Se trata de un asturiano que está dando la vuelta a Portugal en su mes de vacaciones, durmiendo en campings. 15 días para abajo y 15 para arriba. Hoy llegará al Cabo de San Vicente. El tipo es asturiano pero vive en Castro Urdiales y trabaja ..... ¡¡¡en Bilbao!!! ¡¡¡en Miribilla!!! ¡¡¡a 500 metros de mi casa!!!




El tramo acompañado, unos 40km., se me hace muy corto, y nos despedimos en Alijezur. Para la subida le recomiendo la Serra da Estrela y le doy mi correo. ¡Ya me contará!, me dice. Yo me dispongo a subir el Alto Foia, mi última cota puntuable, en la Sierra de Monchique.






Los dos primeros kilómetros tienen cierta dureza, pero luego suaviza mucho cresteando la sierra hasta llegar a Monchique. Allí, de nuevo para arriba, hasta el bolón. Agradezco sobremanera subir algo, ya que la llanura se puede hacer muy monótona. Las vistas a ambos lados de la sierra son muy diferentes y, tras coronar, me lanzo a toda caña en busca del mar.

Llego a Portimão, final de etapa, al atardecer. Decido continuar hasta la Praia da Rocha y, una vez allí, tirar de noche todo lo que pueda. Voy a aprovechar que tengo viento favorable y que puedo volar e intentaré llegar a Faro y me quito 65 km. más para mañana. Pero a mitad de camino de Faro, rompo el cable del desviador de plato. No importa, llevo recambios.







Busco una pensión pero no encuentro ninguna. A lo bobo, a lo bobo, buscando un sitio para dormir, me hago una buena tirada. Necesito un enchufe para el móvil y prefiero arreglar la bici tranquilamente en una habitación. Llego a un restaurante de carretera y pregunto por una. No sé, pero me dan una casa entera, jajaja. Parece que el chico anda en bici y, viendo que llevaba el cable amarrado al cuadro, me ofrecen de todo.



La casa me cobran 20 euros y está de lujo. Me traen toallas, champú, gel de baño, ... Me ducho, me visto, arreglo la bici y bajo a cenar. Me ponen un plato combinado para tres personas por 4,50 €. Arroz, estofado de ternera y patatas fritas como para parar un tren, más unas aceitunas para picar mientras esperaba. ¡Una pasada! Me tomo también un café por 0,50 €. ¡Más baratos que los de Zapatero!

Tras lavarme la ropa, en esa casa duermo como un tigre.

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