Araxesko XIII. itzulia

Hoy domingo es la 13ª Vuelta al valle de Araxes, una marcha que forma parte del circuito vasco de marchas de largo recorrido y que se celebra cada dos años en Tolosa. Quise hacer esta marcha hace dos temporadas pero no recuerdo muy bien por qué motivo me quedé sin hacerla y, como este año no he hecho nada de montaña y solía ser habitual de alguna de las marchas de Tolosaldea, me he inscrito a última hora aprovechando que pronosticaban buen tiempo para varios días, con la excusa de hacer puertos de Gipuzkoa en bici los dos días previos.

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Araxesko XIII. itzulia Tolosa 43 km 2150 m+ IR

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He dormido estupendamente en el aparcamiento que hay junto al parque en el que se encuentra el Amarozko Mendi Elkartea, grupo de montaña que organiza la marcha. Capar la etapa de ayer me ha venido muy bien porque he podido descansar, a pesar de poner el despertador a las cinco de la mañana. Ya hace un año que no me pongo las zapatillas de trail y espero que no se me haga demasiado dura la jornada. A decir verdad, desde hace meses no paso de seis kilómetros llanos por la playa de Plentzia y hoy voy a superar de golpe y porrazo la distancia de maratón, los dos mil metros positivos y, lo que es peor, otros tantos de bajada, lo que me hace estar un poco acojonado.


La marcha es de las pocas que quedan gratuitas y solo tengo que recoger la tarjeta de control porque ya estoy inscrito desde la web del circuito. La salida es a las 07:00 y se parte con puntualidad tolosarra.


Enseguida nos ponemos a subir, rumbo a la cima de Ollaun (367m). No es una subida nada dura y sirve para ir entrando en calor muscular porque del otro hace rato que tenemos.


Alternamos sendero y pista para adentrarnos en el bosque. Siento bastante bochorno con las nubes bajas cubriendo todo el río Oria.


Vamos ganando altitud y el sol hace lo propio, quedando una estampa muy chula con los rayos penetrando entre los árboles.


Corono esta humilde cota de Ollaun con solo tres kilómetros recorridos y pensando quién coño me manda a mí apuntarme a nada. Dije el año pasado que no volvía a participar en una marcha de largo recorrido y aquí estoy haciendo el indio de mala manera, sin preparación, sin anestesia, sin zapatillas en condiciones, ...


Las bajadas son lo que más temo. La musculatura sufre una barbaridad en cada pisada al cargar todo el peso en las frenadas y hace falta tener ese callo para que no te desgarres entero, algo muy similar a lo que sucede con el culo en la bici.


El descenso no es muy largo y enseguida se llega a la carretera que une Alegia con Altzo, por donde seguimos unos cuantos metros. La niebla está baja en este punto y no se ve muy lejos.


Tomamos una pista y nos metemos por un sendero de subida al Elordi (375m), una pequeña colina que hay de camino al Otxabio, la que es la primera gran subida de esta marcha.


Alternamos pistas y senderos, ganando altitud rápidamente mientras las nubes van quedando en el Oria, abajo a la derecha. Apenas llevo seis kilómetros, lo que estoy corriendo últimamente, y me da por mirar el track en el V800. Al ver que me quedan todavía 36km más casi me da un patatús.


Corono el Otsabio (801m), también llamado Muñobil, a eso de las 08:25, justo cuando se cumplen los ocho primeros kilómetros de la marcha. Son casi 900m de ascenso los que me marca el reloj, casi la mitad de lo que dice el track original de la marcha y se me está haciendo más largo de lo debido.


Me taladran la tarjeta de control y veo que hay un avituallamiento líquido detrás del poste geodésico, con la sorpresa de que no hay agua. Estamos en tierra de sidrerías y el tipo, al verme con la cámara, saca la botella de la fresquera y posa para mí.


No me apetece meterme un trago con la bajada delante, así que le doy las gracias y tiro para abajo. Apenas hay que descender unos metros porque enseguida se sigue cresteando. 


En toda esta zona me pasa bastante gente porque extremo las precauciones. A mi inactividad montañera del último año hay que sumarle que tengo sendos agujeros en las zapatillas, a la altura de los juanetes, y no piso con seguridad.


Tras coronar en el Laparmendi (814m) la bajada se acentúa mucho y, por fortuna, el tramo rocoso termina y da paso a una senda muy cómoda y, posteriormente, a una pista que se adentra en el bosque por la que se puede correr sin problema.


En el km.15 está situado el control y avituallamiento de Mikelete Etxea y llego a las 09:27, supuestamente con tres minutos de adelanto sobre el horario de apertura de este puesto. El terreno favorable ha hecho que le haya pisado bien al acelerador en estos cinco kilómetros de bajada.


En el avituallamiento hay caldo, agua y cacahuetes salados, lo cual no es gran cosa pero tampoco le pido nada a una marcha gratuita. Me limito a tomar un vaso de agua y a coger un par de cacahuetes y salgo pitando para abajo, ya que todavía me quedan seis kilómetros más de descenso rápido.


Esta parte del recorrido discurre por la provincia de Navarra, donde se entra al pasar por el collado de Zarate. En nada me encuentro en Azkarate y, bajando tan rápido, me equivoco en un desvío y tengo que regresar sobre mis pasos gracias al aviso sonoro del V800.


La bajada continúa y me quedan tres kilómetros rápidos hasta Atallu. La pista es muy cómoda y se me pasan rápido estos caminos en los que ya viajo bastante distanciado de la gente.


Llegando al punto más bajo, se entra en contacto con el río Araxes que da nombre a la marcha. La tarjeta de control dice que el control está en Atallu pero hay que seguir un poco hasta Arribe.


En Arribe se encuentra el control, justo cuando se completan los primeros 21km del recorrido. Llego a las 10:12 y me como un gajo de naranja y otro de manzana, al tiempo que me tomo un vaso de agua. También hay geles y creo que unos cacahuetes.


La temperatura ya es de 26ºC y aprovecho la parada para quitarme las mallas, quedándome con el pantalón corto de correr. También me quito las zapatillas por un instante para refrigerar los dedos, alargando la parada casi diez minutos que me vienen de cine porque empiezo a estar bastante cansado, sobre todo en los pies.


A estas alturas de la marcha se llevan ya 1.150m de desnivel positivo, por lo que ya queda menos de la mitad. Eso me da mucha moral y afronto la subida a Santa Bárbara con ánimos renovados. Justo al salir de Arribe, me llama la atención que haya madridistas por estos lares. 


Este es el segundo gran esfuerzo del día, ascendiendo más de 600m en apenas tres kilómetros. Se empieza por una pista cementada que desaparece enseguida, sufriendo los rigores del sol por un estrecho sendero que la vegetación apenas deja ver.


Por delante llevo a una pareja y a otro chico y me voy acercando a ellos en la subida. Se sale a una pista mucho más cómoda pero con la pendiente cada vez más fuerte.


La pendiente es exigente y nos cruzamos con un tipo que está haciendo fotos y que nos anima diciendo que solo quedan veinte minutos para coronar. ¿20 minutos todavía? ¡Menudos ánimos!


Salimos del bosque a campo abierto y el aire nos pega con fuerza. Me he quedado tan fino que me cuesta mucho combatirlo. El trío que viene detrás me pasa en esta pala final.


En la cima de Santa Bárbara (853m) hay un nuevo control, al que llego a las 11:09. En este punto del recorrido me faltan menos de doscientos metros para llegar a los dos mil metros de desnivel positivo, que era más o menos lo que indicaba el track que me había descargado. Siendo así, como todavía no se ha cumplido el km.25, no debería haber muchas subidas en los 17km que restan todavía.


La bajada es muy fácil, sin apenas puntos de pendientes fuertes, de esas que te destrozan las piernas. Me pongo a trote hasta que encuentro un primer repecho y me detengo para llamar a casa. Había quedado con Amaia en ir esta tarde con ella a la playa si llegaba a Tolosa antes de las dos de la tarde y creo que voy con margen suficiente.


En el km.25 está situado el avituallamiento de Gorriti. El trío que llevaba por delante en la cima de Santa Bárbara aparece mientras me como un gajo de naranja. Han perdido las marcas por un instante y se han desviado unos cinco minutos del trazado normal, el tiempo que yo he estado hablando con Amaia. Es lo que tiene trotar por las pistas, que hay ocasiones en las que sigues recto sin darte cuenta de que el trazado va por otro lado.


Me vuelvo a poner a trote y conecto con otros grupos que me preceden. Hay un par de repechos fuertes para acceder a la cima del Musaio (821m).


El día va avanzando y el calor con él, superando ya los 30ºC. He pasado ya la distancia de confort de las zapatillas y los pies se me empiezan a cocer bastante.


Hay momentos en los que el recorrido marcado no va por donde tengo fijado con el track. Han hecho alguna variación para meter las cimas de paso, con el consiguiente aumento de distancia y desnivel sobre lo que pensaba que se iba a hacer.


Corono el Ulizar (868m) junto a un par de compañeros de marcha, terminando en este punto la parte del recorrido que transita por Navarra.


La bajada me deja de nuevo en Gipuzkoa y empiezo a notar fatiga en los cuádriceps y tibiales, perdiendo mucho agarre en las frenadas, con la consiguiente sensación de inseguridad que eso me produce. Tras un año sin hacer esto, sabía que este momento tenía que llegar y ya está aquí.


En el km.31 está situado el control y avituallamiento de Uli, a donde llego a las 12:15. Según el track oficial deberían quedar diez kilómetros para la meta pero el reloj me indica que restan más de doce. Aún así, quedando todo el terreno favorable, creo que tendré tarde de playa.


Me cuesta pero procuro seguir a trote para no quedarme clavado. Los pocos repechos que hay me vienen muy bien porque el dolor de patas se produce en las bajadas.


Llego a Gaztelu superado el km.36 con otro chico que lleva un ritmo parejo al mío. Nos estamos pasando y repasando continuamente. En los llanos y subidas le alcanzo y en las bajadas más pronunciadas no puedo seguirle.


Nos quedan media docena de kilómetros y ya estoy hasta los huevos de la marcha, con unas ganas de acabar del copón. Cada pequeño descenso hace que se me claven agujas en los tibiales,


Menos mal que la parte final del recorrido es muy favorable y se desciende suavemente desde que coronamos el Ulizar. En alguna que otra marcha, de esas en las que el final es a tumba abierta, no lo habría contado.


Llegamos al último control, el de Leaburu, cuando son las 13:27. El tipo que perfora la tarjeta de control nos dice que el primero ni paró a eso de las once y media de la mañana y nos da ánimos porque ya solo quedan dos kilómetros. Está bien la mentirijilla pero no cuela porque el V800 me indica que quedan 3,60km para meta, casi el doble.


El inicio del descenso de Leaburu es por carretera pero enseguida tomamos una pista en perfecto estado para acceder a Tolosa por el barrio de Amaroz.


Se bajan unas escaleras que cruzan las casas que hay junto al parque donde he dormido estas dos últimas noches y ya estoy en la meta, con 43,5km recorridos y 2.150m+.


Son las 13:54 cuando llego a la mesa de sellado, donde me regalan un bidón y el clásico diploma del circuito. El avituallamiento final consiste en agua, choricillo y sopa de pescado, suficiente para una marcha gratuita a las que siempre digo que no les pido nada. No me apetece mucho comer nada pero, por no hacerle un feo a las señoras que me lo ofrecen, me tomo un cacito de sopa mientras la amable señora que me lo prepara me dice que no hemos llegado ni veinte de los 142 inscritos que estamos. Posiblemente, de todas las marchas del circuito en las que he participado, haya sido la de menor afluencia, lo cual ha hecho que haya ido muy holgado en todo el recorrido. La pena es que me arden las patas y ya sé lo que me espera en los próximos días. Ahora me voy a la playa.

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2 comentarios :

  1. Qué máquina estás hecho. Tienes un espíritu de sacrificio ejemplar para acabar después de esto:
    "Nos quedan media docena de kilómetros y ya estoy hasta los huevos de la marcha, con unas ganas de acabar del copón"
    Jajaja, me partía de risa al leerte ese trozo. ¡¡¡ Qué grande eres !!!

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    Respuestas
    1. No me hagas mucho caso, querido Gorgonio. Retórica literaria que se dice, jejeje

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