Parque Natural de Thal

Para hoy tengo diseñada una ruta circular que incluye los tres BIGs que me quedan para terminar con el Jura suizo. Son los tres del Parque Natural del Thal que se extiende al sureste de Delémont, donde he dormido en el aparcamiento de una gran superficie de jardinería, junto a un McDonalds. Con esta ruta casi termino con toda Suiza puesto que únicamente me quedarán por hacer los diez que me faltan de la zona italoparlante.

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Parque Natural de Thal Delémont 105 km 2300 m+ IR

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Salgo casi a las ocho y media de una mañana fresca, con 3ºC. Ha habido dos o tres días de calor pero han vuelto a bajar las temperaturas otra vez y se aconseja no madrugar mucho.


Inicio la ruta con un suave descenso siguiendo el cauce de La Birse, un río que enseguida pasa a llamarse Birs al entrar en la zona de influencia germana, algo que no llevo muy bien que digamos.


Tras casi catorce kilómetros pasando frío, abandono esta carretera para dirigirme a Bärschwil, teniendo que parar un buen rato en las barreras del tren que me encuentro cerradas nada más cruzar el río.


La idea es buscar la base de Passwang, el primer puerto de la lista para hoy, pero me encuentro con una subida no puntuable de siete kilómetros que me hace pasar por Grindel.


La subida es muy suave en su primera parte, con pendientes que nunca superan el 5% hasta llegar a unas granjas, donde la carretera cambia por completo y se transforma en una pista estrecha que se adentra en las praderas.


Hay un ligero descenso y empiezo a intuir que habrá que subir hasta un collado porque el valle no tiene salida. No conozco la zona y pienso que eso puede tratarse del puerto de Passwang, estando muy equivocado.


Me quedan tres kilómetros y empiezan a asomar las rampas de doble cifra, aunque sin mucha dificultad. El sol luce sin ninguna nube alrededor y el día empieza a templar un poco. Ya me acerco a los 10ºC.


Otro buen descanso hace que la subida no sea lo dura que podría haber sido con un kilómetro final que casi promedia el 10%. Al llegar al collado, equivocadamente, llego a pensar que ya está hecho el primer BIG del día.


Abajo queda Erschwil y hacia allí me dirijo por una bajada revirada. Ya llevo una cuarta parte de la distancia de hoy y apenas me he cruzado con nadie.


Cruzo esta localidad y, ahora sí, inicio la subida a Passwang. Salvo un repecho inicial, los seis primeros kilómetros son casi llanos.


El suave paseo remontando el río Lüssel es muy agradable. Sigo sin apenas tráfico, coincidiendo solo con un tractor y un autobús de línea.


Los cuatro kilómetros finales del Passwang sí que son un puerto de verdad. Me encuentro con una señal de aviso de rampas del 13% que se ajusta a la realidad.


A falta de tres para coronar, hay un kilómetro que posee una media del 10% y que me resulta especialmente duro. Venía muy relajado por el llano y me topo de golpe con esta dificultad sin esperarlo, totalmente por sorpresa.


Hay una lazada de curvas muy chula en donde se disfruta de una vista panorámica de todo el valle. Un camión se pone detrás de mí y el conductor me toca el claxon en señal de agradecimiento cuando le facilito la maniobra de adelantamiento.


A falta de un kilómetro para coronar, me encuentro con un semáforo en rojo y me veo obligado a parar por culpa de unas obras que mantienen la circulación alterna. Me viene bien para coger aire para otro esfuerzo porque ya no se baja del 9% hasta llegar al túnel en el que acaba el puerto.


Al otro lado del túnel está el cartel de puerto y hay una explanada en plan área de descanso, con alguna papelera. Hay un camino que se adentra entre los árboles y para allá que voy a hacer mis cosas porque, al haber dormido en un centro comercial, aún no he tenido oportunidad de usar las toallitas que llevo en el bolsillo del maillot.


El túnel del Passwang marca la entrada en el Parque Natural de Thal. El descenso hasta Ramiswil es muy rápido y luego ya más tranquilo hasta llegar a Mümliswil y Balsthal.


Conecto con la carretera del valle del Dünnern y me meto por el arcén señalizado para bicicletas. La carretera pica un poco para arriba en lo que es un pequeño puerto con bastante tráfico.


Luego continúa con un tramo llano hasta llegar a Welschenrohr, inicio de la subida a Balmberg. Aquí adelanto a un ciclista que va casi parado y que, como estamos en la zona germana, agacha la cabeza cuando le saludo y no me hace ni puñetero caso.


Al llegar a Welschenrohr, el objetivo está claro. Se trata de subir por esta montaña de la izquierda hasta llegar al bosque que la corona.


Antes de empezar, ya me encuentro con el primer aviso prohibiendo el paso de camiones y con la advertencia de que hay un 25% por alguna parte. La duda es la de muchas ocasiones, de si ese porcentaje será real o si estará inflado.


Pero nada de inflado. La subida a Balmberg por esta vertiente es un paredón de tres kilómetros al 13% de media, con un kilómetro central que asusta con su 18% de media y una pendiente máxima que llega al 24% según el inclinómetro del V800 en una recta mantenida que va de menos a más, muy similar a la Cueña les Cabres.


Tiro fotos intentando no caerme, las justas para que se pueda ver qué tipo de subida es porque la pendiente no acaba de apreciarse del todo. La recta del quitamiedos posee la punta mayor y, como sucede en el Angliru, llego al final pidiendo la hora.


Corono este sorpresivo paredón que no me esperaba encontrar en esta ruta. De nuevo hay cartel de puerto junto a un área recreativa bastante grande, con muchos coches aparcados y bastante gente paseando.


El descenso me muestra la llanura que hay más allá del Jura. La subida por esta vertiente también parece dura pero nada que ver con la pared que acabo de salvar. Un ciclista viene a lo lejos y aprovecho su presencia para ajustar el encuadre.


Ya solo me queda otra subida a esta sierra pero por detrás del pico Röti, el cual rodeo por una carretera que posee algún que otro corto repecho.


Llego a Langendorf y mi prioridad es buscar agua porque llevo el bidón en las últimas. Tampoco es que haga mucho calor pero los casi 20ºC son muchos cuando esta mañana has salido con ropa de invierno.


Me espera otra subida de siete kilómetros: Weissenstein. Los dos primeros son tranquilos, rondando el 6% hasta llegar a Oberdorf, donde encuentro la ansiada fuente que me sirve para refrescarme antes de enfilar otra dura pared. Una señal del 22% así me lo avisa y, visto lo visto, no creo que mienta.


Dos kilómetros completos al 13% y 14% respectivamente se encargan de ponerme en mi sitio de nuevo. La pendiente máxima no llega nunca al 20% pero lo ronda en muchos momentos.


Los telecabinas sobrevuelan la subida mientras me adelantan dos ciclistas con sus flamantes bicicletas eléctricas sin decir nada. Es que ni me miran. La poca educación social de la zona germana es digna de estudio.


Tras los dos kilómetros brutales viene uno un poco más amable, incluyendo un pequeño descanso al llegar al intercambiador del telecabina.


Y tras ese pequeño descanso, la ascensión a Weissenstein prosigue con otros dos kilómetros que superan el 12% y 15% de media respectivamente, para acabar en todo lo alto con esa rampa que supera el 20% y que estaba anunciada al iniciar el puerto.


Corono resoplando junto al cartel, con la pequeña localidad que da nombre al puerto presidiendo una loma a la derecha y la carretera de bajada ocultando su trazado entre los árboles pelados.


El descenso también tiene pinta de mucha dureza y me deja de nuevo en la parte del Dünnern. El desnivel de la ruta ya está hecho y solo me queda cerrar el círculo con el regreso a Delémont.


Salgo de los límites del Parque Natural de Thal por una cómoda carretera que me lleva a Moutier, siguiendo por el arcén amarillo, hasta que me desvío hacia Delémont atravesando un bonito desfiladero.


Por aquí vuelvo a estar solo y recorro estos cómodos diez kilómetros finales disfrutando del entorno y sin ninguna prisa por regresar al coche puesto que la jornada termina con esta ruta.


Llego a Delémont con 105km recorridos y con ganas de pasar a Alemania para tener la posibilidad de llamar a casa, ya que Suiza no es país comunitario y las tarifas son una pasada. La salida de Suiza la hago por Basilea y me paran en el control de aduanas. Me piden la documentación y me registran el coche por primera vez.

La primera etapa alemana que tengo diseñada comienza en Müllheim y hacia allí me dirijo. No llevo recorridos ni diez kilómetros cuando un nuevo control policial hace que me detengan en el arcén y me vuelvan a pedir la documentación. No contentos con ello, los siete u ocho policías que me acosan me hacen sacar las cosas del coche y me piden el número de serie de la bicicleta, algo que no tengo ni idea de dónde coño se mira. Al final aparece en una pegatina medio borrada que hay en la parte baja del cuadro y se ponen a indagar por si fuera una bici robada. Solo hay un policía que hable inglés y con él me apaño para dar todas las explicaciones que me solicitan, como si se tratase de un tercer grado.

Todo termina y el policía me desea una feliz estancia en Alemania y me dejan ir. La frontera francesa está a no más de dos kilómetros y me dan ganas de regresar y marcharme de esta mierda pero las ganas de conocer la Selva Negra me pueden y llego a Müllheim, donde aparco junto a un supermercado. Con media tarde por delante, ahí me preparo la comida y llamo a casa después de tres días sin hacerlo. Me informan del tiempo y no son muy buenas noticias que digamos, ya que todo se tuerce y vienen lluvias, frío y nieve para los próximos días. Si tanto control policial ya me ha puesto nervioso, lo que me cuentan que viene me deja más intranquilo todavía.

Para acabar el día, como no podía ser de otra manera, mientras estoy cerrando los ojos ya de noche veo cómo alguien merodea el coche y no para de mirar a través de las ventanillas. Se trata del vecino de la casa de enfrente, algo impensable que te suceda en Francia o Italia, donde a todo el mundo se la sopla todo. Para que no acabe llamando a la policía y la volvamos a liar, abro la puerta y le explico como buenamente puedo que no soy más que un turista que va a hacer una ruta en bicicleta, que mañana me marcharé pero que hoy pretendo dormir ahí mismo. Parece que el tipo me entiende los gestos y acepta la situación con un 'no problem' de despedida pero que a mí ya me deja intranquilo para toda la noche.

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