Entre Isère y Savoya

Esta noche ha hecho frío de verdad, con una fina capa de hielo sobre la carrocería del coche. Además, acabo de descubrir la razón por la que llevo dos etapas con dolor de culo. Resulta que la badana de mi culot de invierno se ha desintegrado. Es que no existe. La zona que debería estar acolchada se ha quedado totalmente plana. Llevo con él un montón de años y parece que le ha llegado su fin. Esto se convierte en un pequeño problema porque, con esta rasca, tengo que encontrar una solución.



Como he decidido acortar estas dos próximas etapas, puedo retrasar un poco la salida hacia el Collet d´Allevard. Acabo saliendo con el culot corto más las mallas de correr de invierno por encima, con unas medias altas de fútbol que también me suelo poner con el pirata invernal. Al final, la sensación resulta algo más cálida que la del simple culot largo que llevaba y creo que salgo ganando en comodidad. Por si acaso, decido cargar con la mochila repleta de ropa para la bajada, con el pantalón de Goretex y la chaqueta impermeable que suelo llevar a la montaña.


En apenas poco más de quince kilómetros se llegan a ascender casi 1.200m de desnivel, quedando Allevard muy abajo en los primeros kilómetros de subida, que casi nunca bajan de un 8-9%.


El frío es tan intenso que no paro de mirar cómo baja el termómetro del V800. Los -2,5ºC de las nueve de la mañana todavía no son nada comparado con lo que va a marcar a mayor altitud.


Hay niebla muy densa en toda la parte central de la subida y eso incrementa notablemente la ya de por sí baja sensación térmica que voy sufriendo. Según van pasando los minutos, el termómetro cae más y más.


El puerto es duro pero voy entretenido con la tontería del termómetro, tanto que a veces se me despista el pensamiento de volverme para casa que me ha ido taladrando la cabeza desde que me desperté esta mañana.


Después de Le Collet, los cuatro últimos kilómetros voy viendo cómo la niebla se disipa, al mismo tiempo que la pendiente, mucho más suave en la parte final.


Corono con el cielo totalmente despejado, con un mar de nubes por debajo y con el termómetro marcando -4,8ºC. Pensaba que le había hecho una foto al reloj con esta cifra pero no la tengo registrada.


Tengo un frío del copón y, a pesar de llevar doble guante, los dedos de las manos apenas me responden. Me enfunde toda la ropa que he subido en la mochila y para abajo que voy.


La sensación térmica de la bajada, sobre todo en la reentrada en la niebla, es tremenda. Hay un momento en el que me parece que he roto el cable del cambio trasero hasta que soy consciente de que soy yo el que no atina con la maneta. Lo paso tan mal bajando que no dejo de pensar en volverme para la playa, con lo bien que yo estaba tirado al sol oyendo el romper de las olas.


Consigo entrar en calor en el coche. El sol hace que se convierta en una estufa y resulta muy agradable mantenerse unos minutos al tueste del sol a través del cristal del parabrisas.


El pensamiento de irme para casa al terminar la jornada de hoy me sigue atormentando. Me he desplazado hasta Presle para subir el Grand Cucheron y no se me va de la cabeza.


Este puerto es muy flojete. Apenas llega a los quince kilómetros de distancia y los siete centrales son de semillano. Tanto es así que no consigo calentarme del todo.


Voy remontando el valle con unas montañas al fondo que no terminan de llegar. Tengo claro que el Grand Cucheron será alguno de aquellos collados que se aprecian pero no gano altitud y cada vez restan menos kilómetros de subida.


A falta de tan solo tres para coronar, no queda otra que ascender de golpe y porrazo desde Le Pontet. Van a ser tres kilómetros intensos con dobles cifras permanentes, quedando los dos últimos con una media del 10%.


He salido tan helado del coche que ni siquiera me había quitado la ropa de abrigo, razón por la cual me tengo que detener en este punto porque la pendiente me obliga. Tras empaquetar en la mochila el pantalón y la chaqueta, afronto estos dos últimos kilómetros con más comodidad.


El paso de montaña está orientado hacia el macizo alpino y eso lo agradecen las vistas que se obtienen nada más coronar. Si no fuera por eso, este puerto de escasos 600m de desnivel no tendría ningún atractivo.


Desciendo forrado hasta arriba. El día avanza pero yo ya tengo el frío metido en los huesos y no hay manera de calentarme. Un pequeño traslado me lleva hasta Chapareillan, a las puertas de Chambèry, ya entrando en el departamento de Savoya.


El col de Granier es más ajustado a lo que solemos encontrarnos cerca de casa, con solo diez kilómetros de distancia. Eso sí, al 8,5% de pendiente media.


El inicio transita entre viñedos con una pendiente cómoda que va subiendo paulatinamente, pasando de un 5% al 6-7% ...


El Mont Granier luce espectacular en toda la subida. El día se mantiene claro y soleado y el contraste de la montaña con el verde valle me recuerda muchísimo a la sierra Salvada.


Empiezan a aparecer los dobles dígitos y consigo entrar en calor. Aún así, ya no voy a dejar de cargar con la ropa de abrigo en la mochila.


La carretera se adentra en el bosque y dejo de disfrutar de las vistas para centrarme en la pendiente, cada vez más dura. Aun así, el puerto es más corto de lo habitual por estos lares y lo llevo mucho mejor.


Corono son la sensación de haber subido demasiado fácil en un cruce de carreteras. Hay tres vertientes que conectan justo en este collado, por las que circulan varios moteros pero muy respetuosos.


Preciosa montaña este Mont Granier. En el descenso puedo disfrutar también de lo que había dejado a mis espaldas, con un valle precioso adornado con los Alpes nevados al fondo.


Todavía me queda muchísima tarde como para hacer el Mont du Chat y completar los cuatro puertos que tenía previstos pero no me atrevo a volver a pasar frío con una bajada tardía. A pesar de ese intenso frío, he decidido continuar con el viaje y llego a Le Bourguet du Lac con toda la tarde por delante pero con la montaña del Mont du Chat orientada al este, lo que hace que ya se dé sombra a sí misma, lo cual me termina por convencer para dejarla para mañana. 

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2 comentarios :

  1. Qué bonitos paisajes desde el calor de mi casa, jajaja. No me imagino en tu lugar. Me muero de frío. Qué huevos tienes, amigo.

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    1. Estuve a puntito de volverme pero Ander me miró el tiempo y daban mejoría para los siguientes días. El frío que pasé en el descenso del Collet d´Allevard me genera escalofríos solo de recordarlo.

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