El sur de la Selva Negra

Hoy tengo la primera de las tres etapas diseñadas en la Selva Negra. Tras salir de Suiza, he podido llamar a casa, me han informado de las previsiones meteorológicas para los próximos días y las noticias son muy malas. Para hoy hay una alta probabilidad de lluvia y para los dos días siguientes se esperan nevadas copiosas y temperaturas cercanas a los 0ºC. Si uno eso a los dos controles policiales de ayer y a la visita curiosa del vecino de enfrente ... me dan ganas de iniciar el viaje de regreso y aplazar estos puertos y los dos franceses de Estrasburgo para más adelante.

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Sur de la Selva Negra Müllheim 125 km 3600 m+ IR

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Ya que estoy en Müllheim, decido arrancar a por la etapa. Antes de salir, espero a que me vean los trabajadores del supermercado para que no piensen que el coche que va a estar ahí todo el día está abandonado, partiendo casi a las ocho y media de la mañana. Con los antecedentes que llevo en tan solo medio día en Alemania, no me quedo muy tranquilo que digamos.


La primera subida del día es un sube y baja a las antenas de Blauen. Son doce kilómetros al 7% de media, los primeros de los cuales se hacen por callejuelas que atraviesan una zona residencial.


Los porcentajes son cómodos en los primeros cuatro kilómetros, yendo de menos a más, desde un 3% de salida a un 5% al pasar por Badenweiler.


Luego se empalma con la carretera que circunvala la pequeña población rodeando por fuera y ya la cosa se pone más seria, sin bajar del 8% casi hasta arriba y con muchas rampas de doble cifra.


No hay mucho que ver en toda la subida. El día está muy nublado, amenazando lluvia constantemente, y los árboles cierran la carretera hasta justo la parte final.


Los dos últimos kilómetros suavizan un poco, hasta un 7%, para acabar coronando junto a las antenas con un aire muy molesto.


He subido con la mochila a la espalda y en ella llevo todo el Goretex. El viento pega fuerte y la sensación térmica es tan baja que me lo pongo todo bien arrimado a una de las paredes de la casona que hay en la última curva. El valle del Rín, que hace de frontera con Francia, aparece cubierto por unos nubarrones tremendos y mucho me temo que acabaré pasado por agua.


Desciendo pasando bastante fresco y enfilo la subida al puerto de Kreuzweg, un no puntuable que se encuentra en medio de la ruta circular que he trazado con los tres BIGs del día.


Para ser un puerto no puntuable tiene su miga. Van a ser catorce kilómetros al 5,5%, yendo también de menos a más por una perfecta carretera por la que no pasa ni cristo.


A la niebla alta se le junta que voy todo el tiempo entre arbolado y no se ve nada de nada, lo que me deja una sensación de aburrimiento que no me gusta nada. Menos mal que, de vez en cuando, se alcanza algún colladito y las vistas se abren un poco.


En el descenso del Kreuzweg me encuentro con un tractor desbrozando que ocupa todo el ancho de la calzada y me hacen parar durante un buen rato. Son veinte kilómetros hasta llegar a Schönau en los que me topo con varios repechos, alguno con rampas interesantes.


Esos repechos tienen lugar al atravesar un par de valles muy profundos. Para bajar a Neuenweg me tengo que andar con mucho cuidado porque la pendiente supera el 20% y hay mucha gravilla suelta.


La salida de este valle no es tan pronunciada y la carretera es mucho mejor, hasta que abandono la vía principal para atajar por un collado muy chulo al que se llega remontando un angosto valle adornado por un precioso arroyuelo.


El caso es que estoy acumulando mucho desnivel en este enlace de dos BIGs porque el GPS ha tirado por el camino más corto. Si hubiera seguido por la carretera de Schönau no habría tanta tachuela.


Es difícil ponerle nombre a estos collados. En la cima de este me encuentro con un letrero en el que pone 'camino de Wildböllen' junto con un montón de indicaciones de las diferentes rutas de montaña que parten de aquí.


Por fin llego a Schönau y comienzo la subida a Weißenbachsattel, un puerto de once kilómetros pero con solo siete de subida, ya que los cuatro finales apenas añaden altitud.


He corregido la altimetría porque tiro siguiendo las indicaciones de la web del BIG que he metido en el GPS, siguiendo por la carretera de Tunau y, al llegar a esta pequeña localidad, el asfalto se acaba.


Al cruzar por Tunau, la pista de asfalto pasa a ser de tierra durante tres kilómetros. Es una pista ciclable en su mayor parte, salvo en los tramos de más pendiente, donde la grava y las piedrillas sueltas hacen imposible la tracción.


Me joroba mucho tener que echar pie a tierra en un par de ocasiones y sigo porque llevo mapas de Alemania en el GPS y veo que hay una carretera enseguida, con la cual termino enlazando. Estas cosas no pasarían si el GoogleMaps tuviera vistas de las carreteras de Alemania que, al igual que ocurre con las de Austria, no aparecen en la aplicación y te tienes que fiar de la ruta sugerida.


El caso es que el atajo por esta pista sin asfalto me ha ahorrado dos kilómetros, algo que hubiera preferido no haberme ahorrado por las molestias de tener que echar pie a tierra un par de veces. Al conectar, lo hago justo detrás de un tractor y, como no puedo pasar delante, opto por pararme y dejar que se vaya para no tener que aguantar el ruido que mete.


La subida finaliza en un collado tras un kilómetro al 10% bastante duro pero todavía quedan cuatro kilómetros para llegar a Weißenbachsattel, con dos kilómetros de bajada antes de enfilar el tramo final de suave subida.


Paso por Herrenschwand y me caen las primeras gotas del día. De frente hay unas nubes oscuras que dan miedo.


Corono este puerto de largo nombre en un cruce de caminos en el que hay un restaurante, sin un alma a la vista. Llevo todo el día sin ver nada y eso me resulta muy aburrido.


El descenso me orienta hacia el oeste y eso hace que los nubarrones vayan quedando detrás, con algunos claros muy esperanzadores enfrente. Aún así, me caen varias gotas y creo que no me voy a poder librar.


Paso por Utzenfeld y comienzo a subir a Belchen, la última cota del día. Son algo más de once kilómetros al 7% por otra buena carretera por la que no pasa nadie.


Salvo un kilómetro al 10% y varios repechillos de doble cifra sobre el cuarto kilómetro de la subida, lo demás es muy llevadero. Alcanzo los 3.000m de desnivel cuando todavía no he llegado a ochenta kilómetros recorridos.


Superado el tramo difícil, llego a Untermulten. Llevo un rato con lluvia suave y decido parar a resguardo del tejadillo del restaurante para ponerme todo el Goretex que llevo porque parece que ya no va a parar.


Me pongo la chaqueta y los guantes de Goretex y arranco sin ponerme los pantalones impermeables ni los botines pero, sin llegar a dar cuatro pedaladas, se pone a llover con fuerza y me tengo que dar media vuelta para resguardarme del agua. Esperando a que pare un poco, decido llamar a casa y me confirman que va a seguir lloviendo todo el día, con previsión de agua del 100% y, lo que es peor, en grandes cantidades. Estoy vendido y no me queda otra que seguir. Mientras me pongo el pantalón y los botines de Goretex llega una pareja, se bajan del coche y, sin mirarme siquiera a la cara cuando les saludo, se meten en el restaurante. Flipo con la educación germana, flipo.


Lo que queda de etapa lo hago pasado por agua. Ya no va a dejar de llover en todo el día y no saco ni una foto para que no me pase con la cámara lo que me pasó en verano en Austria. Se queda metida en su funda de neopreno y de ahí no vuelve a salir. En la parte final de la ascensión a Belchen me llegan a caer copos de nieve, y es que la temperatura baja de golpe hasta los 2ºC. Por suerte, forrado con el Goretex no paso ningún frío.

Termino la etapa y el coche sigue en su sitio. Vuelvo a llamar a casa y me miran la previsión para los próximos días y es peor todavía, con bajísimas temperaturas y nieve en cotas bajas. Para la tercera jornada ya mejora pero por el sur, acercándome a Chambéry, en Francia. La decisión es fácil y no me queda otra que dejar de lado las dos etapas alemanas que me quedan y volver a casa parando en los pequeños puertos franceses del Jura. Tenía pensado hacerlos en un día pero tengo dos de mal tiempo para intentar aprovechar alguna tregua del cielo.

Paso a Francia sin que nadie me diga nada en la frontera, como debe ser en la Europa de libre tránsito de personas, y llego a la base del Mont Morond después de un largo camino atascado en la autopista de Mulhouse por algún accidente producido bajo el intenso aguacero. En el aparcamiento de la estación de esquí de Métabief no solo llueve, sino que caen unos copos de nieve de un tamaño que no había visto nunca. Me preocupa no poder hacer estos minipuertos y quitármelos de la lista para siempre pero tengo claro que no voy a volver a casa sin hacerlos. Tengo dos días para hacerlos como sea y he conseguido wifi gratis bajo unos apartamentos, por lo que solo toca esperar el momento adecuado.

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