Los Montes de Ardèche

Hoy empieza este nuevo periplo europeo con los Montes de Ardèche, en el sureste del Macizo Central. Ayer me pasé todo el día conduciendo y llegué a las ocho y media de la tarde, aún de día, dejando el coche en la misma base del col de Meyrand por su vertiente más fácil, la que me queda más a mano para enlazar las cuatro subidas que me restan en esta zona que he ido dejando como excusa para parar en los viajes alpinos.



La noche ha sido fría y me ha costado bastante coger el sueño, como siempre en el primer día. He puesto el despertador a las 06:30 y ya estaba amaneciendo, ya que por aquí lo hace mucho antes que en casa.


Los cinco kilómetros al 4% de este puerto me sirven para comprobar que todo va bien con la bici y poco más. Hace un frío del copón y corre un aire fortísimo que baja mucho la sensación térmica.


En nada me encuentro arriba, sacando muchas conclusiones para los puertos venideros. Voy a tener que abrigarme mucho más porque esto no tiene nada que ver con lo que he estado sintiendo estos días atrás en la playa de Plentzia. Ha sido como caer en el invierno de nuevo, pero de golpe y porrazo.


En la cima del col de Meyrand no se puede parar por culpa del viento helador. Me asomo a la vertiente sur para comprobar que estoy en los confines del Macizo Central y que la llanura se extiende hacia el Mediterráneo.


Tras un descenso que me deja completamente congelado, me desplazo a Saint Martin de Valamas para acometer una ruta semicircular con los dos puertos BIG que salen de ahí. Podría hacer un doble sube y baja pero hay una conexión entre ambos que me permite ver más terreno sin aumentar excesivamente la distancia y quitando los kilómetros de falso llano del Gerbier de Jonc.


La temperatura ha subido bastante y se está mucho mejor que en el col de Meyrand. Como no tengo jornadas maratonianas en los planes, puede que sea mejor que no madrugue tanto para evitar el frío helador de las mañanas.


En nada estoy subiendo esta larga vertiente del col de la Croix de Boutières. Son más de veinte kilómetros que no llegan al 5% de media pero que ya se acerca a los mil metros de desnivel.


Me armo de paciencia y voy restando kilómetros poco a poco, acompañado de carteles de puerto que siempre vienen bien. El diseño de estos no es muy cómodo, ya que no puedo ver el porcentaje del kilómetro que viene porque la cifra está demasiado pequeña como para leerla en marcha.


La temperatura invernal de esta mañana va dando paso a una más primaveral que hace un poco incómodo el hecho de llevar toda la ropa que me he puesto.


Voy ganando altitud y el viento se va haciendo más y más intenso, llegando a molestar un montón. Las rachas son muy fuertes por momentos, algo que hace que no pueda disfrutar de la subida como se merece.


Los porcentajes son cómodos en todo momento y el desarrollo hace su trabajo. Tan solo hay un par de sitios muy puntuales con un 10-11% de máxima que no suponen ningún problema.


Me estoy acercando al col de l´Ardéchoise y el viento es algo tremendo. Por suerte, sopla lateral y favorable a ratos, aunque siempre muy molesto.


Tras llegar a este primer alto, disfruto de unas vistas estupendas de la localidad de Borée, a los pies de unas montañas muy peculiares.


El Tchier de Borée es un conjunto megalítico de escultura moderna que se encuentra en este altillo, junto antes de descender un par de kilómetros hasta el pueblo.


Borée se encuentra en un paso entre montañas y el viento corre desbocado por sus calles. Hay una curva en la que me entra de golpe desde un lado y estoy a punto de irme al suelo.


Quedan seis kilómetros para coronar, los más constantes de toda la subida con pendientes que se manejan en torno a un 6-7%. La montaña hace de parapeto y el viento es mucho más soportable.


Se llega a otro cruce de carreteras y se enfila el final por una recta en la que el viento me da de cara y que se hace interminable.


Tras una herradura final, la cima del col de la Croix de Boutières aparece de golpe y termina este largo puerto que podía haber sido mucho más disfrutón si el viento no hubiera estado dando la lata en los kilómetros finales.


Toca bajar de nuevo hasta Borée para tomar una carretera que enlaza con la subida al Gerbier de Jonc por la localidad de Saint Martial.


Son como diez kilómetros de enlace que se hacen muy rápido, para quedarme a nueve de coronar el siguiente puerto, justo cuando la subida empieza a ser seria, quitando todo el inicio en el que apenas se sube nada.


Este otro puerto también es muy cómodo, con pendientes que no superan casi nunca el 8%. El viento se ve que sigue siendo muy fuerte por el movimiento de los árboles pero no me molesta en exceso por la protección de la montaña.


Son casi dos mil metros de desnivel en este sector y ya se me va haciendo durillo. Noto que me duele el culo y se me hace muy incómodo.


Voy echando cuentas y creo que no me he cruzado con ningún coche en lo que va de día. Esta zona del Macizo Central está bastante desierta y es una gozada para andar en bici.


Tras un par de herraduras muy suaves, se llega a la cima de este puerto en un cruce de carreteras, con la fabulosa montaña del Gerbier de Jonc delante.


La bajada me vuelve a llevar por Saint Martial y paso junto al lago sobre el que se asienta. Desde ahí me quedan más de diez kilómetros para dar pedales porque la pendiente no supera nunca el 3%.


El plan de hoy consta de una subida más: el col de La Mûre. Me desplazo hasta Saint Laurent du Pape para afrontar el último puerto del día.


Esta subida es muy diferente a las anteriores, siendo siete kilómetros y medio al 8%, algo más intensa que las otras.


El viento sigue siendo muy fuerte y tengo mucha fortuna porque me sopla favorable en todo el puerto, mitigando mucho la pendiente.


A estas horas de la tarde hace calor y eso que yo sigo con la ropa de invierno. He pasado tanto frío esta mañana que no me arriesgo a dejar ropa en el coche, lo que hace que me sobre bastante en la subida.


El último kilómetro se mantiene en un constante 10% pero, al ser el último del día, lo hago bastante rápido con ganas de ir acabando ya. El primer día después de un viaje tan largo siempre se hace especialmente duro.


Termino el día y me desplazo hasta Barbieres con un viento tremendo. Justo llegando a esta localidad, por una carretera sin arcén y con muchísimo tráfico al pasar por Valence, veo a un ciclista andando con mucho peligro cuando le adelantan los camiones, pero es que el aire es tan fuerte que puede tener muy complicado mantenerse sobre la bici. Al llegar a mi destino, me paso la noche esperando que el viento amaine un poco para mañana.

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2 comentarios :

  1. Buen comienzo. Solo de leerte me entran tiritonas de frío, con lo friolero que soy. Yo aguanto la ropa lo que haga falta. No me importa sudar. Qué raro que te diera el viento a favor. Dice el viejo proverbio que al ciclista todo le da por culo...menos el aire.
    En espera de las siguientes entregas.

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    1. Espera a ver la crónica del tercer día y las fotos que saqué al termómetro del V800. Estuve a punto de volverme para casa. Máxime cuando me llegaban noticias de la playa, jejeje

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