¿A por 25?

Hoy voy a volver a saltarme el entreno del programa de carrera de Polar y lo voy a sustituir por un aumento de la distancia porque creo que, si no lo hago así, a menos de dos meses del maratón, me voy a quedar corto. Si el domingo pasado hice una medio, hoy me propongo hacer 25km. Repaso un poco las distancias mentalmente y, como tengo doce kilómetros desde casa hasta el Puente Colgante, le pido la tarjeta Barik a mi hija para pagar el transbordo de Getxo a Portugalete.



Salgo a las cuatro de la tarde rumbo a la desembocadura del Nervión. Al principio dudo entre ir por la margen derecha o por la izquierda, pero acabo yendo por Erandio. No suelo correr con música pero, para que se me haga un poco más entretenido un recorrido que me sé de memoria, me llevo el MP3. Hay tramos de viento de cara bastante molesto, sobre todo al abandonar el abrigo de los edificios en Elorrieta.

Se me hace corto llegar a Getxo. Alcanzo el Puente Colgante con 12,8km recorridos y con una gran preocupación por un principio de ampollas en ambos pies. Las zapatillas son casi nuevas pero he salido con unos calcetines muy gastados y, tal vez, demasiado cedidos. Me empieza a doler bastante en cada pisada.

Tengo fortuna y el transbordador está en la margen derecha, saliendo nada más entrar yo, con lo que apenas tengo que parar y no me quedo frío. En unos segundos estoy en Portugalete dispuesto para el regreso, esta vez con un ligero viento favorable. En cuanto me pongo en marcha, noto que las ampollas van en serio.

Llego a Sestao y estoy a punto de irme a coger el Metro. La pisada resulta muy molesta, sobre todo la del pie izquierdo. Me meto una glucosa que he cogido para tomar más o menos en el km.15, le echo valor y decido apretar más, así estoy menos tiempo. Consigo plantarme en Zorroza bastante distraído con la música.

En Zorroza veo que me voy a ir por encima de los 27km. Me meto por el paseo de la ría y el dolor en los pies es insoportable. Ya no es solo el izquierdo, el derecho también. Me siento en el primer banco del paseo y me quito los calcetines, viendo dos ampollas enormes llenas de líquido, justo en las plantas de los pies. Decido cancelar la carrera y, aunque estoy a seis kilómetros de casa, volver andando pero, en cuanto doy dos pasos, veo que andar es peor porque me duele más todavía.

Me armo de valor y me pongo a correr lo más rápido que me dan las patas para pisar sobre las puntas, lo más adelantado posible y alargando las zancadas. Mi ritmo de carrera es más fuerte y soy consciente de la mejoría tan grande que he tenido en la forma de correr. Al final, llego a casa con 27.2km, casi en un grito, subiendo las escaleras de casa apoyando los pies en los exteriores, como andando al revés que un zambo. Me he quedado muy contento con la sesión pero muy preocupado con los pies.

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