El paso oculto entre Schwyz y Glaris

El error al numerar los tracks del GPS me devuelve veinte kilómetros para atrás, regresando a Schwyz. Tomo la carretera de Muotathal viendo algún cartel que indica el camino para ir al San Gotardo, uno de los primeros puertos que hice en Suiza y que es espectacular por su vertiente adoquinada. La aproximación hasta la base del Pragelpass es espectacular, remontando el río Muota.



Me esperan una docena de kilómetros con dos partes muy diferenciadas. Antes de enfrentarme al muro inicial, un kilómetro suave me sirve para ir calentando.


La amplia carretera desaparece y se convierte en una pista estrecha, con múltiples carteles de advertencia a la entrada. No entiendo lo que pone pero parece que está prohibida para autobuses y camiones y que hay restricciones para coches y motos.


Se empieza a subir de verdad, con seis kilómetros al 12% que me vuelven a poner en tensión máxima. Llevo ya un montón de kilómetros con guarismos parecidos y cada vez me cuesta menos. Me estoy acostumbrando a pedalear bailando la bici y apenas me siento.


La imagen de las montañas de la izquierda resulta brutal. La carretera se esconde más y más, llegando a cruzarme con un par de coches que descienden.


Hay algún momento de descanso pero viene acompañado de las rampas más intensas, por encima del 15%. Hasta llegar a los cinco últimos kilómetros, donde la pendiente se empieza a relajar, rondando el 7% en los dos primeros y casi llanos los tres finales.


Un final así de suave siempre dificulta la localización del punto más alto cuando se desconoce cómo será. Se adivina un collado a lo lejos pero, al pasar por un pequeño altiplano, me encuentro con un hombre y le pregunto, aclarándome que la cima del Pragelpass, efectivamente, es un kilómetro y medio más adelante.


Este final me permite llegar con la respiración pausada, a diferencia de lo acelerada que estaba hace un rato. Corono el puerto sin llegar a los mil metros de desnivel, en una especie de meseta con un aspecto muy pirenaico.


Desciendo hasta Muotathal y, viendo que llegar al otro lado me supone demasiado rodeo y volver a recorrer la carretera del lago de Zurich, opto por atravesar por el Pragelpass. Así puedo ver, aunque sea desde el coche, la vertiente oriental. Me cruzo con tres o cuatro coches en plena subida, algo bastante complicado en una carretera como ésta, lo que nos obliga a apartarnos y, en algún momento, a maniobrar marcha atrás.


Justo antes de llegar al Klöntaler See, me despeloto junto a unos árboles para ducharme con el bidón de ocho litros que llevo para tal efecto. Parece que todos los coches que tenían que pasar ya han pasado porque la soledad es absoluta en este lugar. Al llegar al lago, hay un par de aparcamientos y algunos hoteles junto a él. Yo continúo hasta Glarus, donde mañana me espera uno de los puertos más chulos que he subido: el Klausenpass.

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