XX. Marcha de los Puentes

Hoy es la XX. Marcha de los Puentes, una ruta lineal que parte del puente de San Antón, en Bilbao, para llegar hasta el puente medieval de Frías. En principio, no tenía previsto realizar esta marcha ya que, para este fin de semana, quería haber ido a estrenar el Tourmalet, que lo han abierto hace unos días. Pero hay previsión de tormentas en Pirineos y las rutas que tenía planeadas me iban a llevar todo el día, con el riesgo que ello suponía, así que lo he aplazado para el finde siguiente con la esperanza de que el tiempo sea algo más estable. Al aplazar el plan principal, buscando algo para hacer, encuentro esta marcha a mediodía y, como ya la hice hace cinco años y salen desde el portal de mi casa, llamo a Rafa para apuntarme. La distancia que se recorre es ideal para romper la barrera psicológica que me permitirá ir bien preparado a La Picón Castro de dentro de dos semanas.

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XX. Marcha de los Puentes Bilbao 90 km 2450 m+ IR

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Hemos quedado a las 18:45 junto al puente de San Antón. Como vivo a escasos veinte metros, espero a que haya un grupo numeroso para bajar y apuro la hora. Lo primero que hago es saludar a Rafa y darle los 20€ que cuesta la inscripción, con lo que se cubre el desayuno, la comida y el autobús de vuelta a Bilbao desde Frías.


Hace cinco años solamente fuimos ocho o nueve participantes pero hoy estamos más de veinte y dos más que han salido dos horas antes para ir con más tranquilidad. Esta marcha es muy peculiar, diferente a las demás, y parece que va calando porque muchos son repetidores. En esta ocasión, Rafa no la va a hacer andando por culpa de una fascitis plantar, así que tendremos su compañía nocturna en algunos puntos clave del recorrido. Antes de salir, los participantes dejan sus mochilas para la meta en su coche, algo que yo no hago. Me he acostumbrado a ser autosuficiente y llevo todo lo necesario encima.


Nos dan las 19:00 y, tras una foto de grupo, salimos rumbo al Pagasarri. La temperatura es estupenda y se puede ir completamente de corto pero añado al atuendo el chaleco cortavientos para sumarle las mangas por la noche cuando más refresque, con unos manguitos en el bolsillo y unas medias de fútbol que llevo bajas pero que me pueden cubrir hasta la rodilla. Con eso, unas mallas piratas, dos pares de calcetines para cambiarme y las zapatillas de running colgadas de la mochila con un mosquetón, tengo cubiertas todas las posibilidades en un peso inapreciable.


Enseguida salimos del núcleo urbano y nos metemos en el camino del Pagasarri. Bajan un montón de beteteros a estas horas y el grupo se estira un poco.


Abandonamos la pista de Rekalde y nos metemos por el sendero tradicional que enlaza con la pista de Arrigorriaga de forma más directa. Las fuerzas están intactas y subimos a buen ritmo.


Llegamos al Pagasarri y hay un primer intento de reagrupamiento pero se decide que es mejor hacerlo en la Fuente del Espino. Se superan los veinte grados y se está de maravilla, lo que anticipa una noche perfecta para caminar.


Con la cima del Ganekogorta en el centro de mira, seguimos por el camino que nos lleva a su base. Llevo a dos chicos por delante y me quedo solo adrede para llamar a casa para dar las buenas noches, cosa que no consigo por la falta de cobertura en este tramo.


Me meto por el sendero de Llodio y ahora sí que tengo cobertura, con lo que hago todo el tramo hasta la Fuente del Espino muy entretenido. Se nota que hemos salido antes que hace cinco años porque, en aquella ocasión, ya tuvimos que encender los frontales en esta zona.


Al llegar a la Fuente del Espino, con unas magníficas vistas sobre el embalse de Zollo, hay un compañero esperando. El otro ha seguido con su perro y los dos nos quedamos esperando al grupo para el reagrupamiento acordado.


En esta marcha no hay marcaje y, si no llevas GPS, es muy fácil perderse, por lo que quedamos en ir juntos el mayor tiempo posible y hacer reagrupamientos en puntos estratégicos. Yo sí lo llevo y conozco el camino, así que me pongo en cabeza en este tramo hasta llegar al collado de Kurutziaga.


Me he descargado el track que ha colgado la organización y tira para la ladera derecha de bajada a Ugalde pero hay uno que dice que se baja más directo por la izquierda, dejando la pista y siguiendo por otra que empalmará más abajo, así que seguimos por ella.


Ya veo que el track va a ser testimonial y que el objetivo será atajar todo lo posible, así que anuncio mi intención de seguir el original siempre porque mi objetivo es hacer los noventa kilómetros. Básicamente me es igual ir a Frías o a Villarcayo. Esta marcha ya la hice y lo que me interesa realmente es hacer la distancia que me prepare la cabeza para La Picón Castro porque las piernas ya las tengo como tienen que estar.


Llegamos a Okendo a las 22:46 después de un buen tramo de carretera en el que ya hemos encendido los frontales y con una maravillosa temperatura de 20ºC. Llevamos 20km y Rafa nos espera en un bar abierto en el que algunos aprovechan para tomar un café. Yo me tomo un colacao de los dos que llevo en la mochila y me como un trozo de una barra de almendras con caramelo y miel que va a tope de hidratos y proteínas y que me va a durar toda la jornada dándole pequeños bocados. Junto con otro colacao para tomarme en Menoio y unas nueces, es lo único que llevo. 


Me pongo los manguitos remangados por si la temperatura empieza a bajar y salimos de Okendo a las 23:15. Nos esperan doce kilómetros de carretera hasta llegar a Menoio, siguiente punto de reagrupamiento y los hago casi completamente con otros tres compañeros a excepción de la subida a Menoio, ya que yo sigo por la carretera desde Quejana en vez de atajar por un camino que recuerdo repleto de ortigas.


No sé cuánto más habré hecho pero llego a Menoio al mismo tiempo que el gran grupo, a las 01:12. Hay una fuente y la gente rellena sus bidones mientras yo me siento junto a la ermita en la que se durmió hace cinco años, cuando se paraba por la noche. Me tomo el otro colacao y como unas nueces al tiempo que me pongo las mallas piratas sobre el pantalón corto de running. Hace calor pero ahora vamos a subir a la meseta y la cosa puede cambiar bastante.


Estamos como un cuarto de hora de descanso en Menoio antes de afrontar la subida larga de la jornada. Subimos todos juntos hacia el Portillo del Aro por una pista muy cómoda, a veces hormigonada. Tan solo en la parte final hay que apretar un poco porque la pendiente se acentúa bastante.


Paramos junto a la barrera del portillo para ese reagrupamiento anunciado. Corre un poco de aire y me pongo a resguardo para prepararme para el siguiente tramo. Sigue haciendo una temperatura muy agradable pero ya son las 03:04 y al amanecer siempre refresca, así que me pongo las mangas del chaleco sobre los manguitos y me subo las medias de fútbol por encima de las mallas piratas. Diez minutos después, nos volvemos a poner en marcha. El grupo está yendo muy agrupado desde el principio.


La cota más alta del día está situada en el alto del Pozo de Manda Agua (1.125m). Toda esta zona es la más difícil de seguir y se hace necesario el GPS. El chico del perro y otro compañero van por delante y se despistan. Les aviso de que el track va por donde voy yo, con todo el grupo detrás, pero no me hacen caso y siguen directos para atajar. El problema de esta zona es que es límite entre Euskadi y Castilla y León y hay unas vallas difíciles de sortear de noche, aparte de un montón de vaguadas en las que te metes y no sales. Nos quedamos esperando en una zona haciendo señales con las luces cuando ya veíamos delante las de los dos que salieron antes de Bilbao y, tras quince minutos de espera que aprovecho para quitarme las medias húmedas y ponerme unos calcetines secos, nos ponemos de nuevo en marcha. Pasamos junto a Villota, el del perro se vuelve a ir a su bola y descendemos hasta San Martín de Losa, donde llegamos a las 05:58, a puntito de amanecer.


Llegamos al valle de Losa con 55km y coincidiendo con el momento más frío del día. En mi anterior participación en esta marcha se desayunó aquí pero, como llevamos bastante adelanto sobre lo previsto, Rafa nos dice que el desayuno tendrá que esperar hasta llegar a Lalastra.


A medida que vamos subiendo a Escabroso, se va haciendo de día. Ya hemos alcanzado a los dos que salieron con dos horas de antelación. Uno de ellos es Iñaki, el otro organizador, y el grupo va junto gracias a los reagrupamientos que se van anunciando en los altos y en las localidades de paso. Afortunadamente, la subida mitiga el fresco mañanero gracias al calentón que supone su última parte.


Llegamos al alto de Escabroso y veo que la intención es bajar directos hacia Bóveda, acortando bastante el track original. Me despido de los compañeros que esperan a los más rezagados para seguir en solitario hasta el Pico Corral por una pista. El pequeño rodeo me regala una visión directa del amanecer a moco de premio, antes de retomar el camino que han llevado los demás.


Este tramo que afronto en solitario es una maravilla, aligerando un poco el paso para volver a tomar contacto con el grupo, al que voy alcanzando poco a poco mientras llegamos a Bóveda.


Tras el cómodo pasaje por las praderas, de nuevo en la provincia de Álava, me adentro en este valle de Valdegovía con ganas de empezar a disfrutar del paisaje. Es lo malo de esta marcha, que hay mucho tramo nocturno en el que no puedes disfrutar de este entorno tan chulo.


Llegamos a Bóveda en el km.63 y me llevo la gran sorpresa de que el desayuno va a ser aquí y no en Lalastra porque hay que recoger a un chico que va bastante cascado con ampollas. Son las 07:34 y hay que esperar hasta las 08:00, cuando llegará Rafa con el papeo. El chico del perro ya ha debido pasar de largo y los demás nos apalancamos al sol intentando calentarnos un poco más.


El desayuno es completo. Hay café, zumos, pan, tortillas de patata, palmeras de chocolate y sobaos. Me como de todo y me quedo bien a gusto, como para tirar hasta Frías del tirón. A las 08:26, casi una hora después, nos ponemos todos en marcha para subir al Portillo de la Sierra, ya con un buen sol que se agradece.


Parece que el amanecer y el desayuno han hecho un gran trabajo de fortalecimiento del grupo porque se respira mayor entusiasmo y hay muy buen humor en toda la subida. Empieza a sobrar ropa y me guardo las mangas del chaleco.


La subida se va endureciendo y el grupo se estira en consonancia. Me junto con dos chicos y vamos hablando de zapatillas, de marcas y modelos, de amortiguación y de hormas. El caso es ir entretenidos despistando a la cabeza mientras afrontamos la parte final y nos acercamos a las antenas de Arrayuelas.


La pista cómoda se acaba y hay que apretar de lo lindo para llegar al collado. Es la última subida del día y ya hay ganas de plantarse en el Parque Natural de Valderejo.


Llegamos al Portillo de la Sierra y vuelve a haber reagrupamiento. Mientras llegan los últimos, un compañero se acerca hasta la cumbre de Arrayuelas que se encuentra a escasos metros y que forma parte del listado del Catálogo de Cimas de Euskal Herria. Bueno, forma no, formaba, porque me acabo de enterar de que se retiró de la lista en 2014.


Son las 09:20 y ya hace una temperatura muy agradable. A partir de aquí el terreno es muy cómodo y traigo unas zapatillas para cambiarme pero ya espero a hacerlo en Lalastra, en cuanto bajemos de aquí.


Mientras regresa el chico de la cima de Arrayuelas, nos vamos preparando para una fotografía de grupo en la que faltan Iñaki, que es quien saca la foto, el retirado en Bóveda, dos o tres chicos que han empezado a bajar sin darse cuenta y el del perro que, sin haber parado a desayunar, no sabemos por dónde andará.


La bajada por pista hormigonada es muy rápida. En otras circunstancias me habría tirado a correr hasta Frías pero no es plan de romper la dinámica de la marcha y me contengo. Aún así, para estar más cómodo, me quito las zapatillas de tacos y me pongo las de asfalto. Todavía me queda otro par de calcetines pero llevo los pies tan bien que no los necesito. Tan solo me pongo un poco de esparadrapo en las zonas más sensibles porque conozco el recorrido y, con el calor, los últimos kilómetros pueden ser dañinos, por lo que prefiero tomar las debidas precauciones.


Salgo de Lalastra a las 09:48 junto a Iñaki. Mientras me cambio de zapatillas, el grupo ha salido y nos quedamos atrás aunque pronto los cogemos.


Este tramo es el que tengo más visto por encontrarse dentro de las rutas habituales del Parque Natural de Valderejo. Ya he pasado por aquí en pateadas con la familia, en alguna marcha o corriendo con Amaia, y aún así resulta muy entretenido.


Se trata de la senda del río Purón, un paseo siguiendo el curso del río hasta llegar a Herrán. Pensaba que iba a hacer más calor en esta parte del recorrido pero, como llevamos bastante tiempo de adelanto sobre la otra vez que hice la marcha, las sombras son abundantes y todavía no casca el sol.


Pasamos por el pueblo abandonado de Ribera a las 10:30 y transitamos por la alfombra previa al desfiladero del río Purón, el tramo más espectacular de toda la jornada.


Salvo dos o tres rezagados, el grupo se mantiene bastante unido cuando nos acercamos al desfiladero. Se respira en el ambiente que todo el pescado está vendido aunque todavía quede el duro tramo final.


A este tramo le llaman 'el pequeño Cares'. Siempre me han parecido ridículas estas comparaciones, muy habituales en el mundo de los puertos de montaña.


Me he pasado tantas horas con la cámara de fotos en el bolsillo que no paro de disparar. Solo este tramo bien merece la pena para hacer esta marcha.


Salimos del desfiladero del río Purón y pasamos a la margen derecha muy cerca de Herrán. Ahí tenemos un nuevo reagrupamiento, el último antes de enfilar el final de la marcha, camino de Frías.


Relleno un botellín de agua en la fuente que hay en la entrada de Herrán. Va llegando la gente y hay algunos que quieren seguir por la carretera mientras otros prefieren parar en el bar para tomar unas cervezas. Son las 11:12 y ya empieza a hacer calor. Parece que gana esta opción y nos sentamos en la terraza del bar del pueblo.


Media hora después, a las 11:43, salimos rumbo a Frías. Yo llevo 78km y me quedan doce para llegar a los noventa, por lo que anuncio mi intención de hacerlos por la parcelaria en vez de hacerlo atajando por la carretera, por donde dicen que hay un par de kilómetros menos. Aparte de que redondeo la distancia que quiero, escapo un poco del asfalto que, con calor, se hace bastante más duro.


Salimos de Herrán y llega el desvío de La Revilla de Herrán justo cuando me iban a contar un chiste, al parecer, muy gracioso. Nadie se anima a seguir por la pista y me voy solo siguiendo el arroyo de Revilla.


La pista va desapareciendo entre la hierba, lo que hace más cómoda la pisada, más mullida y fresca. Bien es cierto que este camino aumenta un poco la distancia pero siempre será mejor evitar el asfalto. De todas formas, si hace cinco años me dicen que por la carretera se atajaba, ni me lo hubiera pensado.


Dejo atrás La Revilla de Herrán, que no son más que cuatro casas, y cruzo una estrecha carretera para seguir una pista de tierra que va camino de Leciñana de Tobalina. Hay un momento que me tienta para echar a correr pero ya no quiero hacerlo. Lo que sí hago es avivar bastante el ritmo de marcha.


Entre Leciñana de Tobalina y Cormenzana recupero la cobertura que no tenía hace un par de kilómetros, intentando llamar a casa. Amaia se iba a hacer hoy 23km y le pregunto qué tal al tiempo que le informo de los planes que tiene esta gente para la hora de la comida y el autobús de regreso. En Bilbao están a 30ºC pero aquí no hace tanto calor como pensaba.


Salgo a la altura de la carretera de Quintana Martín Galíndez a falta de cuatro kilómetros para llegar a Frías. Lo hago en el preciso instante en el que pasan los más rezagados del grupo, con el grueso del pelotón a la vista en la enorme recta final.


Como llevo un paso acelerado de mi tramo en solitario, me resulta difícil adaptarme al nuevo ritmo y, como todos van en parejas y nadie se queda solo, decido seguir así hasta Frías.


Hay un momento en el que viene un coche que se va parando. Hace cinco años venían a recoger a quien llegara con problemas y pienso que será algo parecido, hasta que descubro que es el chico del perro que ya se marcha.


En el puente romano-medieval alcanzo a varios compañeros y les sigo hasta las duchas que están en el campo de fútbol. No sabía que había duchas y no he traído nada para cambiarme. De hecho, no recuerdo que la otra vez se duchara nadie.


Les dejo en los vestuarios del campo de fútbol y me voy para el txoko El Molinar, que es donde vamos a comer, donde termina el track y donde terminé la otra vez.


Regreso al puente y sigo por el paseo que va por la orilla del río Ebro, rodeando el promontorio sobre el que se asienta la ciudad de Frías que, con sus 272 habitantes, es la ciudad más pequeña de España.


Llego a la base del casco urbano y me meto por una callejuela que me lleva al txoko. La vista del castillo de Frías desde esta posición revela el famoso perfil del mismo. Poco antes había otro muy bueno de la iglesia de San Vicente.


Doy una vuelta para completar los 90km junto a la puerta del txoko, tal y como quería hacer. Son las 13:51 y la comida no está prevista hasta las tres de la tarde. Como ya hicimos en 2011, me voy directo al río Molinar, el pequeño arroyo que pasa por ahí y que llega a Frías bajando por las famosas cascadas de Tobera.


El agua fría sienta de maravilla, siempre teniendo cuidado con la cantidad de cangrejos que han echado. Estoy un buen rato al sol, con los pies en remojo y me empieza a entrar un sueño del copón. Ha sido una marcha tan improvisada que ni siquiera he podido echar una pequeña siesta previa y ya estoy que me caigo de sueño.


Los compañeros van llegando y nos disponemos a comer con algún que otro percance con el fuego. Parece ser que alguien se dejó la llave del gas cerrada y no se daban cuenta. Tras la inesperada espera, arroz con almejas, estofado de carne, plátano, café y licores para quien quisiera. Una estupenda comida junto con el regalo de un libro de fichas de senderismo por los Montes Obarenes, para quien todavía no lo tuviera, antes de partir en el autobús que la organización dispone para regresar a Bilbao. Ha sido una magnífica jornada que sabe mejor por aquello de haberla improvisado, así sin pensar, a bote pronto. Y más cuando he podido acabar sin ninguna molestia y con ganas de más. Así da gusto.

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2 comentarios :

  1. Hola Joseba, Enhorabuena por el reportaje!!!
    Es una entrada estupenda con una exhaustiva colección de imágenes y unos mejores comentarios aclaratorios. Esto sirve para una buena información de ésta marcha.
    Nota: La senda que sube del convento de Quejana a Menoio estaba limpia y la suele revisar Rafa unos días antes.
    Gracias por todo y en especial por tu compañía.

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    1. Muchas gracias, Iñaki. Hace tiempo que decidí que debía devolver a La Red parte de la información que obtengo de ella y, como he hecho muchas cosas gracias a las aportaciones de terceros, intento aportar mi granito. Si le sirve de info a alguien y así se anima a participar, eso que queda.

      Me dijeron lo de Menoio antes de subir pero mi objetivo era hacer el track original para redondear los 90km. Aún así, tenía pesadillas con ese tramo por los enormes picores que me produjeron las ortigas la otra vez.

      Lo dicho, muchas gracias y seguro que repito.

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