Las montañas de Livradois-Forez

Ya estoy otra vez en faena. Ayer me pasé todo el día en el coche, conduciendo hasta el extremo oriental del Macizo Central francés. Llegué a Montbrison pasadas las diez de la noche y con una migraña impresionante provocada por el desgaste del viaje, por la niebla cerrada y por el frío intenso, tanto que estuvo nevando al paso por el puerto de la Croix de l'Homme Mort. Había muy buenas previsiones de tiempo y no me esperaba esto.

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Montañas de Livradois-Forez Montbrison 162 km 2975 m+ IR

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La etapa de hoy supera los 160km por poco y no necesito todo el día, así que no salgo del coche hasta las nueve de la mañana porque hace un frío del copón. Dos kilómetros llanos y ya estoy subiendo la Croix de l'Homme Mort.


Siempre es una gozada subir puertos con hitos kilométricos que van indicando los números. Tampoco es que los necesite ni que aporten mucho pero es entretenido ir viendo cómo se acercan.


Ha debido estar lloviendo porque el suelo está muy mojado. Ahora no lo hace y se agradece porque el frío es tremendo. El termómetro del V800 marca 3ºC y bajando.


Los porcentajes de este puerto rondan siempre el 5% y eso no consigue calentarme. Tengo que apretar un poco para subir la temperatura corporal porque me empiezo a acercar a una niebla heladora.


En los últimos kilómetros me encuentro con nieve fresca en las cunetas. Vengo de unos estupendos 20ºC de Bilbao y esto me está resultando traumático.


Corono la Croix de l'Homme Mort con 1ºC y... ¡nevando! Es una nieve débil pero los copos se empiezan a agolpar sobre mis guantes. Las manos las llevo congeladas.


Tras la cima de este primer BIG del viaje, viene un pequeño descenso hasta enlazar con el col des Limites. Es una pequeña explanada en la que hay un momento de claro que se agradece un montón. Sigo a 1ºC pero el sol me anima mucho. Todavía hay esperanzas de que despeje el día.


Desciendo hasta Saint Anthème para subir el col de Baracuchet por esta vertiente suave. Lo bueno que tiene el BIG es que no pasa nada por subir los puertos por vertientes más flojas, lo que facilita las rutas circulares. En el CIMA no sería posible porque se ponían como locos si acortabas cien metros en un cruce, rozando el absurdo en infinidad de ocasiones.


Esta vertiente del col de Baracuchet tiene siete kilómetros, con los tres centrales al 6%. Tanto el inicio como el final son bastante más suaves.


La temperatura empieza a subir y ya llega a unos sorprendentes 3ºC. Llevo más de veinticinco kilómetros recorridos pero no consigo entrar en calor.


Los claros en el cielo son esperanzadores pero no dejo de ver nubes por todas partes. Intento olvidarme del tiempo y disfrutar un poco del paisaje pero tengo tanto frío que no soy capaz.


La parte baja del puerto deja ver el valle pero arriba hay un bosque cerrado por el que no se ve gran cosa. Moverse entre los árboles acentúa la sensación de frío.


El col de Baracuchet tiene cien metros más de altitud que el del Hombre Muerto, llegando a los 1.270, lo que hace que la nieve esté presente por mucho más tiempo. Es como meterse en un congelador gigante.


No me esperaba tener una estampa navideña a estas alturas. Corono Baracuchet entre abetos blancos a los que solamente les faltan los adornos.


En el descenso de Baracuchet paso un frío acojonante, teniendo que parar un par de veces para meterme las manos entre los huevos porque soy incapaz de frenar con ellas congeladas. El termómetro marca los 0ºC y me dan ganas de volverme a Montbrison en cuanto veo un cruce el el que se indica la poca distancia que hay hasta el coche.


He llegado a un entorno de verdes praderas, donde los tractores son la única compañía. Estoy en el km.40 del recorrido y me esperan veinte de colinas hasta llegar a Chalmazel, la base del col du Béal.


En estos veinte kilómetros de subidas y bajadas me pasa de todo. Sale el sol y llueve, nieva y sale el sol. La altitud media de esta zona ronda los mil metros y hace un frío del copón.


Voy pasando por varios núcleos de población, todos ellos muy pequeños, de apenas cuatro casas. No se ve a nadie y no me extraña. Con este frío deben estar metidos debajo del edredón.


Se cumplen los primeros cincuenta kilómetros y decido parar a comer una barrita en una marquesina que me encuentro cerca de Sauvain. Ha habido un rato en el que tenía esperanzas de que despejara pero empiezan a asomar unas nubes muy feas justo por la zona hacia la que me dirijo.


Sigo pedaleando y mirando las cortinas de agua que se acercan, esperando poder escapar a ellas. Cada vez lo veo todo más negro.


Estoy a unos tres kilómetros de Chalmazel y se pone a llover muy fuerte pero no moja porque es nieve. Los copos resbalan en el cortavientos y me tengo que quitar las gafas para poder ver, lo que hace que me caigan en la cara y me congele. Pero eso no es todo porque voy y ¡pincho! Justo en el peor momento porque no hay donde cobijarse. Decido seguir con la rueda delantera pinchada hasta encontrar un sitio bajo el que cobijarme.

Llego a las primeras casas de Chalmazel y hay un pórtico para poder cambiar la cámara en seco. Me cuesta sacar la cubierta con las manos congeladas pero consigo hacerlo. Cuando ya tengo todo hecho, al ponerme a hinchar la rueda, no consigo meter aire con la bomba de mano, pensando que la cámara nueva está pinchada. Como siempre llevo dos en rutas de este kilometraje aparte de la de urgencia del bote de herramientas, pongo otra y tampoco soy capaz de inflarla.

Empiezo a ponerme nervioso cuando aparece un lugareño que está observando la escena desde la ventana de su casa. Me pregunta si necesito ayuda y, al decirle que no soy capaz de hinchar la rueda, se va a casa y vuelve con una estupenda bomba de pie que me soluciona el problema. Vamos, que no sé cómo darle las gracias.


Ya espero a que cese la lluvia-nieve y como algo antes de empezar a subir el col du Béal, la Cima Coppi del día. Es el puerto de más altitud y espero que la nieve sea benévola.


El col du Béal desde Chalmazel son diez kilómetros que andan siempre en un 5-6%. La etapa no está teniendo mucha dureza propia pero los primeros sesenta kilómetros se me están haciendo muy duros por culpa de la meteo.


Parece que el tiempo me quiere dar una tregua en este puerto y sale el sol, lo que aprovecho para calentarme bastante. Los 5ºC de esta parte resultan ser una bendición.


A falta de seis kilómetros para el col du Béal, tomo un desvío que me lleva a Siberia. La temperatura vuelve a caer en picado y la nieve aparece en el asfalto.


Me acerco a la cima del puerto y vuelven a chispear pequeños copos. El paisaje está muy chulo pero yo no he venido para esto. Espero que el tiempo cambie porque me está dando un bajón de la hostia.


Llego a la cima del col du Béal con muchísimas nubes y algún que otro claro al que me sigo aferrando. El termómetro me está sirviendo de entretenimiento y compruebo que los 0ºC han vuelto al V800.


Desciendo hacia Le Brugeron, entrando en el Parque Nacional Regional de Livradois-Forez, en el departamento de Puy de Dôme.


En cuanto enfilo la subida a la Pierre des Morts, el cielo se despeja y me entra un alegrón que hace que las pedaladas salgan solas.


Acabo de llegar a la mitad del kilometraje de esta etapa y, aunque la temperatura sigue siendo muy baja, el sol me calienta lo suficiente como para empezar a entrar en calor.


Las pendientes rondan el 4% y los pasos por bosque son lo suficientemente cortos como para poder disfrutar del paisaje. De vez en cuando se aprecia alguna cortina de agua que, por fortuna, ya han quedado atrás.


El descenso de la Pierre des Morts me lleva, a lo largo de veinte rápidos kilómetros, hasta Chabreloche, desde Noirétable por una carretera más importante pero sin ningún tráfico.


En Chabreloche se inicia la subida a Saint Thomas, el cuarto BIG del día. Es una subida corta, de solo cinco kilómetros, separada en dos tramos muy diferentes.


Casi tres kilómetros van incrementando paulatinamente su pendiente, desde un 5% a un 8% final. La carretera está flanqueada a la derecha por unos árboles enormes.


Tras esos casi tres kilómetros, hay un kilómetro llano, con algo de bajada, que sirve de descanso para el duro kilómetro final.


Este último kilómetro mantiene una pendiente media del 12%, con una recta enorme que se hace interminable y donde se alcanzan cifras cercanas al 20%.


Después de llevar todo el día sin grandes pendientes, este último kilómetro se me ha hecho durísimo, llegando muy justo al col de Saint Thomas. Menos mal que, desde aquí, solo quedan cincuenta kilómetros con predominio descendente y con aire favorable.


La bajada es rapidísima y solo se ve interrumpida por la corta subida al col de Champoly, a donde accedo sorteando la carretera A89 y yendo por carreteras secundarias.


Empiezo a abandonar las altitudes cercanas a los mil metros y la temperatura sube por encima de los 8ºC. El aire me pega de culo y el sol calienta, con lo que la sensación térmica va en aumento y empiezo a encontrarme mucho mejor y mucho más animado.


La carretera secundaria termina por desembocar en la carretera de Montbrison y sigo el cauce del río Le Lignon. Es un tramo muy agradable con un tráfico muy reducido hasta que me acerco a Montbrison.


La entrada a Montbrison, con varias rotondas, es un poco rollo. La temperatura ha llegado a los 10ºC y tengo un hambre que me muero. Ayer apenas comí en el viaje y me quedé sin cenar por culpa de la tremenda migraña con la que llegué.


Estoy un poco sorprendido porque siempre peto en la primera etapa de los viajes por culpa del cansancio acumulado en el coche. Pero esta vez no ha sido así. Espero que mañana haga la temperatura que estaba prevista, cercana a los 20ºC, porque la comida en el coche me deja muy destemplado.

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