Lo que da una hora y tres cuartos

Después de la gran rajada cántabra, decido acompañar a Amaia en su tirada larga semanal. Ya está en números muy cercanos a los anteriores a su lesión y se va acercando al tope que quiere entrenar. Hoy toca estar corriendo por una hora y tres cuartos sin que tenga demasiada importancia la distancia recorrida.




El inicio se me hace tremendamente duro. La etapa de ayer hizo mella en las piernas y me cuesta mucho ponerme en marcha. El tramo de ida hasta el museo naval es un poco suplicio para mí pero, a medida que vamos calentando, me voy encontrando mucho mejor.

Como el tiempo que tenemos que estar corriendo es ya bastante, seguimos hasta Zorroza cuando ya se nos acaba el paseo de Olabeaga. El ritmo es mejor que otras veces y se nota que Amaia está completamente recuperada.

La vuelta se me hace más fácil hasta sobrepasar el parque de doña Casilda y llegar al Gugenheim. A partir de aquí, al igual que el otro día, me empieza a doler un poco la rodilla. Hemos hecho un par de paradas en las fuentes y no me va bien que se me enfríe. El paso más frío del día, a la altura de Pío Baroja, acentúa mucho el pinchazo que me pega. Esa plaza es un auténtico congelador.

Completamos la hora y tres cuartos llegando al portal de casa. Faltan un par de minutos y me quedo esperando a que Amaia de una vuelta final hasta la estación de Atxuri porque el dolor es más intenso. Me preocupa este tema para cuando la tirada sea aún más larga. Iré con cuidado aunque, dentro de unos dias, iremos a por las dos horas.

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