La cara B asturiana

No hay mejor lugar para acumular unos cuantos metros de desnivel que el paraíso asturiano, así que inicio un pequeño stage de tres días con una etapa en la que tengo como novedad la cara B asturiana: Tarna y San Isidro por sus vertientes leonesas, con Las Señales como nuevo puerto que llevarme a la butxaka. He quedado con Javier en Laviana y, junto con Lago y Miguel, que son la agradable sorpresa matinal, salimos a las 09:30 con bastante frío, pero muy bien abrigados, rumbo al puerto de Tarna.




Tarna es un puerto muy largo y tendido, de más de 45km, pero no es hasta llegar al embalse de Tanes, donde ya se llevan unos doce kilómetros de ligera ascensión, cuando nos encontramos con las primeras rampas de entidad.



Superada la cota alta del embalse por medio de una cuesta que supera el doble dígito, volvemos a un trazado que asciende ligeramente, con pendientes muy livianas, casi inapreciables, remontando el río Nalón. El enrevesado trazado del río, y lo angosto del desfiladero, hacen que la helada nocturna permanezca y que la sensación térmica en este paso sea muy baja.



Dejamos por un instante la carretera para evitar el túnel de Dovoyu y nos metemos por la ruta antigua que pasa junto al mesón, no muy frecuentado por lo que parece. La helada en esta zona es espectacular y hace un frío de cojones. Menos mal que salimos al sol en Caso y empezamos a entrar en calor.




Dejamos atrás el camino que viene del collado de Arnicio y seguimos la ascensión hasta Bezanes, donde se supone que está ubicado el inicio del puerto de Tarna, aunque no haya ninguna rampa que así te lo haga ver claramente.




En un constante 5-6% muy llevadero, empezamos a ver algo de nieve en las cunetas y, en las zonas más sombrías, alguna plaquita de hielo hace aparición.





Tarna es un puerto muy cómodo para subir, tanto por sus suaves rampas, como por su atractivo paisajístico. Esta parte final, con amplias vistas del valle y con la aparición de grandes moles graníticas, es una chulada.




Dejamos atrás el famoso túnel en la roca para ir dando paso a la parte final. El sol empieza a calentar y la sensación térmica es muy agradable. No corre nada de aire y se está de maravilla.





Nos detenemos un instante para que alguno cambie el agua al canario, para que otro plante un pino, ..., escatologías varias. A partir de aquí, nos esperan unos kilómetros por tierras leonesas.



La pequeña subida que nos queda para coronar el puerto de Las Señales está preciosa. Apenas son tres kilómetros al 4%, un paseo adornado con los pequeños restos de nieve que jalonan las cumbres.





Quién nos lo iba a decir al comienzo de la ruta pero empieza a sobrar ropa. El día está quedando excepcional para tratarse de una jornada de duro invierno.





En la cima de Las Señales toca foto de grupo. Hacía tiempo que no rodaba con tanta gente y se me está pasando la jornada en un visto y no visto con tanto cambio de conversación.



Iniciamos el descenso hacia Puebla de Lillo pero, nada más empezar, nos topamos con alguna curva helada en la que tenemos que desmontar. Aún así, no tenemos sensación de frío ni en las zonas más sombrías del puerto.



Con sumo cuidado, con mucha precaución por si nos volvemos a encontrar hielo en alguna curva, bajamos en busca de la subida leonesa a San Isidro.




Paramos un instante en Puebla de Lillo para reponer fuerzas. Echamos cuentas y vamos a andar justos de tiempo para llegar a Laviana con luz diurna, así que no nos entretenemos demasiado e iniciamos la subida al puerto de San Isidro que, por esta vertiente leonesa, es solo un paseo de quince kilómetros al 3%.



Aunque esa pendiente media es algo engañosa. El puerto por este lado leonés se divide en dos tramos de subida. Tras unos kilómetros casi llanos de inicio, se corona un primer altillo después de tres kilómetros al 7%.




Le siguen dos kilómetros de descenso hasta Isoba. Como bien dice Lago, no confundir con la localidad navarra a pies de la Piedra de San Martín. Por cierto, preciosa la estampa de la laguna que nos encontramos en plena bajada.



Los siguientes cinco kilómetros retoman el ritmo de subida. Se trata de un puerto de grandes rectas, con poca pendiente, pero con algunos escalones intercalados que te recuerdan que estás subiendo hasta los 1.500 metros de altitud.





Llegamos a la estación invernal de San Isidro y comprobamos que instalaciones así no tienen demasiado sentido en la cordillera Cantábrica, donde la nieve está presente durante muy poco tiempo al año y apenas se puede explotar económicamente.





Consigo cerrar en este puerto un bucle inacabado. Es lo que tiene ascender tantos puertos y descenderlos por la misma vertiente, que no ves lo que hay al otro lado. Poco a poco, ruta a ruta, en este último año he ido descubriendo la vertiente leonesa de mi cordillera, lo que considero la cara B de los puertos asturianos.





De nuevo en el cartel, nos hacemos una foto de grupo, esta vez con la cámara apoyada sobre un trípode de bicicletas.



Esta vez sí, nos abrigamos a tope para el descenso. Son muchos kilómetros y acabarán pasando factura. Nada más empezar a bajar, me paro en el cartel de la localidad: La Raya, el pueblo de mayor altitud de Asturias.



Bajando San Isidro, otra parada es casi obligada: la del mirador. Hace tanto que ascendí este puerto por primera vez que ya casi ni me acordaba. De hecho, comento a mis compañeros de ruta que casi está siendo nueva para mí. Lo tenía muy olvidado, hace ya mucho tiempo. Tanto que hasta han remodelado este tramo con unas viseras para los aludes y desprendimientos.



Llegamos a Cabañaquinta sin haber pasado demasiado frío. Tan solo en alguna zona muy sombría hemos tenido mala sensación pero nada comparable a lo que cabía esperar. Con un sol radiante, iniciamos la preciosa subida a La Colladona.




Sin duda, la subida más intensa del día con sus poco más de cinco kilómetros casi al 8%. Hasta este instante, hemos estado ascendiendo siempre suavemente. Ahora, para finalizar, toca ponerse al tema más seriamente.




Nos agrupamos bien ya de salida y vamos entablando mil conversaciones para suavizar la pendiente con la palabra. No hay mejor manera de engañar a la mente que tenerla distraída con otras cosas.




Y eso que La Colladona, por sí sola, bien que sirve de distracción. Es una pequeña cima asturiana, muy humilde ella, pero de una gran belleza. Son estos pequeños puertos asturianos los que hacen grande a esta tierra para el cicloturismo.




Los bosques pelados, en otros lugares, dejarían la ascensión huérfana de belleza. Aquí eso es imposible. Siempre hay un lugar que despierte tu curiosidad.




Ya estamos próximos a coronar. Para Miguel es la ruta más exigente de cuantas se ha metido entre pecho y espalda, y la solventa con nota. A ésta le seguirá otra más dura, y otra, y otra, ... Esto del cicloturismo por puertos de montaña engancha un huevo y siempre se quiere más.




Descendemos hacia Laviana con ganas de hacer algo más pero, al llegar a los coches, se nos va la idea de la cabeza. En cuanto se va el sol, la temperatura cae de golpe y se pone muy desagradable. Para otra, habrá más.

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3 comentarios :

  1. como siempre, precioso el reportaje. Siempre que vienes, me encanta acompañarte, es un LUJO en mayusculas poder pedalear contigo Joseba. Mil gracias

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  2. Un placer haberte conocido y compartir pedaladas contigo. Espero que no sea la ultima vez. El relato de la etapa estupendo. Un saludo y gracias.

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  3. No hombre, gracias a vosotros. Seguro que habrá más.

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