Estamos como chotas

Alerta naranja por fuertes lluvias en Euskadi. Ayer no paró de caer agua a mares y, como la que se espera para hoy también vendrá aderezada con fuertes vientos, no se nos ocurre mejor idea que irnos a pasar la mañana a Plentzia para hacer unos kilómetros corriendo junto al mar. 




Plentzia es una localidad pequeñita así que, para poder recorrer una buena distancia sin andar repitiendo tramos, nos vamos en dirección a Barrika por el paseo de la ría.



Con las fuertes lluvias de ayer, la ría ha dejado de verse azul y el marrón es el color que predomina. Tenemos fortuna porque empezamos a correr sin lluvia y, aunque el viento molesta bastante, por lo menos nos mantenemos secos. 



Al llegar al puente, empieza a chispear ligeramente pero enseguida para. Me llegan buenos recuerdos de nuestro paso por aquí en el maratón independiente de la costa que hice hace unos meses y en el que Amaia salió a recibirme.



Por la otra orilla apenas puedo hacer ninguna foto. El viento es una pasada y, solo cuando llegamos al final del camino, en la parada técnica para echar un meo, saco la cámara del bolsillo mirando hacia atrás.



Corremos un rato por la pequeña acera que hay en el tramo de carretera que va desde el metro hasta el puente de la carretera, bordeando el campo de fútbol y, al cruzar el puente, tiramos por las casas del lujoso barrio de Gandía hasta situarnos, de nuevo, junto a la ría.




Desde Gandía, para volver hasta la playa de Gorliz, pasamos por el alto de Andra Mari, única dificultad del recorrido. Apenas es poco más de un kilómetro con alguna rampa reseñable.



Solventado el desnivel de Andra Mari, la playa aparece allí abajo. Llevamos unos ocho kilómetros recorridos y no estamos nada cansados. Cambiar la ruta de todos los días, y hacer algo diferente, siempre es más entretenido.



Por fin llegamos a la playa. Hemos dejado para el final la parte más atractiva del recorrido: llegar hasta el rompeolas de Gorliz por el paseo de Astondo.




Es una gozada cómo han dejado esta parte de la bahía en el ayuntamiento de Gorliz que, a diferencia del de Plentzia, ha optado por hacer un gran parque en vez de forrarla de hormigón.



Sin nada que nos proteja, el viento dificulta mucho nuestro avance. ¡Qué suerte que no llueva! No me imagino haciendo este tramo empapados de agua.




Dejamos atrás el renovado arenal y se me agotan las pilas de la cámara. No he cogido otras y nos quedamos con las ganas de hacer un par de fotos en la punta del muelle. Ya van unos diez kilómetros y, para alargar un poco más la distancia a recorrer, quedamos en volver al coche a coger unas pilas y en seguir corriendo hasta la punta del muelle de Plentzia, donde las olas están rompiendo con más fuerza.

Llegamos al coche y no he traído pilas, así que Amaia coge su móvil para poder grabar algún vídeo. El viento en este momento es una pasada.



Llegamos a la playa con aire de frente y la arena azuzando a tope en la cara. Como llevo una sudadera, me la subo bien y me tapo dejando un pequeño agujerito para poder ver. El camino que lleva a la punta del muelle está petado de arena y no se puede correr por ahí pero, aún así, me meto por él porque las pilas parece que se hayan calentado en el bolsillo y la cámara vuelve a encenderse.





Al final, hacemos catorce kilómetros que, para las condiciones del día, ya van bien. Además, Amaia arrastra una pequeña lesión y tampoco es plan de que arriesgue demasiado. La mañana ha resultado muy fructífera y nos merecemos un descanso para tomar algo caliente. En cuanto paramos, lo que son las cosas, comienza a llover con fuerza y parece que no va a parar en bastante tiempo.

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