... y la Higa de Monreal

Unos minutos después, estamos en Monreal. Con un frío que pela, nos cambiamos de ropa. Amaia se pone cómoda al calor de la calefacción del coche y yo me visto con todo lo que llevo porque por el alto se ve nieve y seguro que habrá hielo. Justo antes de iniciar la subida a la Higa de Monreal, sale el solete. Apenas son unos minutos, pero las fotos lo agradecen.






Los dos primeros kilómetros, los de menor pendiente, tienen el piso muy bien. Poco a poco voy entrando en calor al tiempo que las vistas se van incrementando.









Pero cuando la pendiente crece el piso se estropea. Un tramo largo de piedras compactadas justifica por sí solo haber venido con la bicicleta de montaña.








En el cuarto kilómetro, justo a mitad de subida, comienza a aparecer la nieve en los laterales. El tramo de piedras compactadas termina y pasamos a un asfalto rugoso con muchos socavones. Al tiempo, los números crecen y nos mantenemos siempre por encima del 10%.







Otro kilómetro más y el hielo hace acto de presencia. A pesar de llevar ruedas gordas, toca más de un derrapaje.




Pero puedo continuar montado, aunque con bastante esfuerzo. Las dos trazadas gordas de algún todoterreno que suba a las antenas me marcan el camino a seguir.





Hasta que a falta de dos kilómetros para coronar, con las antenas ya a la vista, harto de tanto patinar la rueda trasera y de no avanzar demasiado, decido tirar la bici en una cuneta y echar a correr hasta la cima. Como no llevo pedales automáticos, subo con las zapatillas de correr.







Piso por la nieve de las cunetas porque por el centro hay bastante hielo y no puedo mantener el equilibrio. Es una gozada pisar así de mullidito, entre cinco y diez centímetros de nieve.






Las vistas del valle son preciosas pero me tengo que conformar solo con estas, ya que los Pirineos quedan ocultos tras la niebla.








Llego a las antenas bajo una fina nevada. Precipitan gotitas en forma de diminutos copitos. Me acerco al otro lado de las antenas para divisar Pamplona a mis pies con los aerogeneradores de El Perdón junto enfrente. El Moncayo por la otra parte tampoco se ve, ya que está muy cubierto.







Toca descender de nuevo. Los dos primeros kilómetros, hasta la bici, son a la carrera, pero sigo corriendo otros tres más porque me acojona bastante descender por el hielo que he estado subiendo y con los socavones medio tapados. Cuando vuelvo a subir a la bici, el contraste del calorcito que llevo con el frío del descenso es una pasada.

Precioso este BIG que me faltaba. Una pena que no esté para bici de carretera porque se trata de una buena subida, pero ya que hay que subirla con la de montaña, mejor hacerlo como lo he hecho yo hoy. Ha sido muy divertido.

Nos vamos a comer a Pamplona.

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2 comentarios :

  1. mira que por las fotos que he visto, y por una aproximacion que hice en coche hasta donde ya no era recomendable ir ni en coche, se ve que esta mal.......pues para ti no es suficiente!!! tu lo haces con heladas!!! que para eso eres de Bilbao, jejeje

    bonito numero 219. yo llevo 12, jejeje, pero bueno, eso me gusta, por que significa que tengo un monton por descubrir.

    un saludo

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  2. Nieve, hielo, ... ¡solo es agua!

    Pues a ir sumando, que realmente merece la pena. Hay sitios espectaculares, ya verás.

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